Tarjeta Roja al Coronavirus

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No es que el rey esté desnudo, es que no hay ningún rey

 

Cómo protegerse usted mismo y cómo proteger a los demás

 

Para las personas que creen en la existencia de los virus, las medidas de prevención frente al coronavirus parecen, en principio, sensatas. Como mucho les pueden parecer molestas por lo exageradas que son. En cambio, una minoría de la población sabe o intuye que hay algo que no cuadra en las afirmaciones que se realizan sobre los virus, las teorías de la infección y las vacunas y considera agobiante la histeria provocada por la crisis del coronavirus. Para los que comprenden que existe una explicación mejor para las enfermedades y la vida, esta crisis es una oportunidad global: un salto adelante en el desarrollo de la autoconciencia de la humanidad.

La imposición, directa o indirecta, de la vacunación obligatoria con vacunas genéticas supone una amenaza global para todos nosotros que nos obliga a actuar de manera constructiva. Las vacunas del coronavirus contienen ARNm en altas concentraciones que pueden producir efectos tóxicos de larga duración en el organismo. El ARNm es una cadena de ácidos nucleicos que tienen un papel esencial en la síntesis de proteínas. El ARNm natural no está presente de manera permanente en el organismo. Sólo se produce en muy pequeñas cantidades, en lugares muy específicos donde el organismo necesita sintetizar determinadas proteínas y, tras realizar su función, se descompone. Con respecto a esto, es importante destacar que el ARNm producido de manera artificial se descompone muy lentamente. Además, existe el riesgo de que se incorpore de manera permanente a los cromosomas y los dañe, lo que podría tener efectos negativos en la descendencia. De todos modos, la administración de ARNm artificial, independientemente del tipo que sea, provoca SIEMPRE reacciones inflamatorias y alérgicas. Ninguna terapia basada en el empleo de ARNm ha dado nunca buenos resultados sino todo lo contrario. Los únicos resultados que se han conseguido con estas terapias han sido precisamente sus «efectos secundarios» que, en algún caso, han resultado incluso mortales. La toxicología está al tanto de todos estos hechos desde hace tiempo.

Las vacunas contienen nanopartículas tóxicas que se utilizan como vehículos de transporte del ARNm desde la zona del músculo donde se aplica la inyección hasta los núcleos de las células de todo el cuerpo. Estas nanopartículas son muy tóxicas debido a que, al tener una relación de superficie con respecto a volumen muy elevada, aceleran las reacciones químicas. Esta aceleración de procesos se denomina catálisis. Su efecto tóxico en el cuerpo es persistente porque el organismo las descompone y elimina muy lentamente (si es que esto llega a suceder). Las nanopartículas causan daños en el sistema circulatorio, el sistema nervioso, el cerebro y el hígado. El efecto combinado del ARNm y las nanopartículas aumenta la toxicidad que estas sustancias ya tienen por separado. Los crecientes efectos combinados de ambas sustancias tienen un efecto negativo en aquellas partes del organismo, donde recalan de manera aleatoria e imprevisible. Pero este problema se trivializa y, tanto los efectos individuales de estas sustancias como sus efectos combinados, se interpretan como «efectos secundarios» de la vacuna (cuando, en realidad, no hay otros efectos). A partir de los conocimientos reales de la biología y la bioquímica, sabemos que las vacunas no pueden tener ningún efecto positivo. La demostración histórica de este hecho es que las enfermedades individuales que se debían prevenir mediante la vacunación ya tenían la misma baja incidencia que tienen hoy antes de la introducción de sus respectivas vacunas. 1

Poco a poco, nuestros políticos van comprendiendo el mensaje de la industria farmacéutica: las vacunas NO protegen frente a la (presunta) infección por coronavirus y NO evitan el contagio. De hecho, si esto es así, por más que se vacune a toda la población, a ojos de las autoridades nos veremos obligados a vivir con la mascarilla y las demás restricciones durante mucho tiempo… tal vez para siempre. En el caso alemán, los políticos querían celebrar la victoria sobre el virus antes de las elecciones de septiembre. Sin embargo, la ingeniería genética que durante décadas han subvencionado con miles de millones de euros, finalmente no lo ha hecho posible. Atrapados en su lógica coercitiva, la única solución que se les ocurre a los políticos para salvar la cara es exigir que a la población se le administren, una tras otra, varias vacunas de diferentes fabricantes. De esta manera, con un poco de suerte (y, sobre todo, si el virus no muta demasiado), tal vez se pueda conseguir un poco más de «inmunidad» en el futuro.

El ministro de salud alemán, Jens Spahn, ha planificado la compra de más de 300 millones de dosis de vacunas para los 83 millones de ciudadanos de Alemania. El objetivo es vacunar a cada ciudadano al menos 4 veces. Pero los previsibles daños masivos en la salud de la población que una acción así conllevaría, junto con los efectos de los confinamientos, podrían provocar el colapso de la economía que ya da señales de estar muy debilitada. Un derrumbe económico de tal magnitud se llevaría automáticamente por delante la paz social y el orden público. Debemos actuar con carácter de urgencia para evitar que la histeria imperante en torno al coronavirus, conclusión lógica de una dinámica histórica que llevamos arrastrando siglos, acabe con nuestra civilización. Y, de paso, convertiremos esta crisis en una oportunidad global. 2

 

Comienzo

 

A continuación describimos brevemente una campaña que acabamos de iniciar y que pretende protegerle de esta amenaza a usted, su familia, sus conocidos, sus amigos y a todo aquel que quiera unirse. Además, al llevarla a cabo, convertiremos la crisis del coronavirus en una oportunidad global única. «No es que el rey esté desnudo, es que no hay ningún rey». ¡Es sólo una cuestión de miedo!

¡Sí, tenemos miedo a un rey que no existe! Es un miedo real, horrible, dominante y muy antiguo, a un supuesto mal contagioso que proviene de la naturaleza. Este miedo es el resultado de los 2.500 años de materialismo de nuestra cultura, en donde se ha instaurado de manera evidente el pensamiento ambivalente que sólo admite la dicotomía entre lo bueno y lo malo. Si superamos este miedo y hacemos una síntesis de conocimientos ya existentes, podremos obtener una mejor comprensión de la vida y sus fenómenos.3 Platón y Sócrates ya señalaron el error central del materialismo y sus consecuencias.4 En su libro publicado en 2019 “Can Medicine be cured? The Corruption of a Profession“ (¿Se puede curar la medicina? La corrupción de una profesión), Seamus O’Mahony hace referencia en la página 262 a la visión de la salud y la enfermedad que nosotros defendemos pero que, hasta ahora, no ha tenido oportunidad de conocerse.5

Ya no se trata de plantear la cuestión de la existencia de los virus. Este tema está zanjado. Está demostrado y es fácilmente comprobable que, desde 1954, los virólogos se han estado engañando a sí mismos y han mentido a la sociedad con siete supuestos erróneos. Dicen tener evidencia de la existencia de los virus cuando, en realidad, sólo son suposiciones. Todo empieza cuando los virólogos interpretan que la muerte de las células en los tubos de ensayo se debe a la presencia de un virus. A este efecto lo llaman aislamiento del virus. Acto seguido, interpretan determinados componentes típicos que las células liberan en su proceso de descomposición en el tubo de ensayo como fragmentos de virus y, a partir de estos fragmentos, construyen un modelo conceptual del virus y su genoma. Las estructuras que se observan al microscopio y se presentan como virus no son más que componentes de células en descomposición. Pero, en realidad, estos “virus” no se han encontrado nunca en tejidos ni en fluidos humanos. Tampoco se han aislado ni se ha determinado su supuesto material genético completo.

Podemos estar tranquilos: los virus patógenos no existen, no tienen cabida en la concepción de la verdadera biología. Las causas reales de las enfermedades son conocidas y no tienen nada que ver con un contagio material.6 La campaña “Tarjeta Roja al coronavirus” le proporcionará herramientas para investigar por su cuenta y, si se anima a hacerlo, pronto se verá recompensado con el reconocimiento de un hecho fundamental: todos los virólogos – no sólo en el caso del coronavirus, sino con todos los virus – se han refutado a sí mismos con sus propias declaraciones en siete puntos cruciales.7

El hecho que le resultará más rápido y fácil de comprobar es la prueba inequívoca del carácter anticientífico de TODOS los virólogos. El deber de todo científico es cuestionar constantemente tanto sus propias ideas como las de los demás. Debe dudar de todo y de todos. Sin embargo, los virólogos nunca han llevado a cabo las pruebas de control de rigor exigidas por la ciencia con el objetivo de verificar la validez de sus métodos y resultados. Por lo tanto, ninguna afirmación de los virólogos puede considerarse científica.

La legitimidad de todas las medidas adoptadas por el gobierno alemán radica en la Ley de Protección contra Enfermedades Infecciosas (Infektionsschutzgesetz, IfSG). Estas medidas están justificadas única y exclusivamente si se cumple dicha ley (¡sic!). Entre otras cuestiones, esta ley somete a todas las partes implicadas al cumplimiento de los criterios de cientificidad. Pues bien, dado que el requisito de cientificidad que da soporte legal a las medidas gubernamentales no se cumple y las afirmaciones de los virólogos están claramente en entredicho, dichas medidas pierden su validez y justificación. No sólo eso: la constatación de estos hechos hace que todas las medidas adoptadas para hacer frente a la supuesta pandemia del coronavirus sean ilegales.

Es tan sencillo como esto. Por un lado, hay leyes vinculantes y por el otro está la constatación del carácter anticientífico de los virólogos y la refutación de sus premisas. Consecuencia: “tarjeta roja” a la manera de proceder y a las hipótesis de los virólogos, y a las medidas liberticidas de los gobiernos. El error de nuestros gobernantes, que también es nuestro error como ciudadanos, es haber confiado ciegamente en los virólogos y no haber cuestionado la base central de la supuesta pandemia: la afirmación de la existencia del coronavirus. La confianza no necesariamente es mala, pero si va acompañada de supervisión, control y un cuestionamiento constante, es mucho mejor. Es el deber primordial de todo ciudadano y también de todo científico.

 

En concreto

 

Le ruego que compruebe estas afirmaciones por sí mismo y que las constate con las dos publicaciones decisivas referentes al coronavirus.8 En esta tarea le será de ayuda nuestro libro sobre el coronavirus, nuestros textos sobre la historia de la virología9, nuestros videos10 y la muy importante labor de compilación de documentación del proyecto Corona_Fakten 11 y su listado de artículos en los que encontrará respuestas a sus preguntas. Cuando esté bien informado, estará listo para sacarle la “tarjeta roja al coronavirus”.

¿Cómo? Sugiero y animo a la gente a contactar con las autoridades sanitarias competentes por escrito para plantearles una serie de cuestiones. En la carta o el e-mail, podrían instar a la dirección de la institución a la que se dirijan a informar a sus empleados sobre los hechos que relataremos a continuación y a comprobar la veracidad de los mismos. Los especialistas que conforman las plantillas de las autoridades sanitarias no requerirán de mucho tiempo para, por ejemplo, leer el apartado de “materiales y métodos” de las dos publicaciones de referencia sobre el coronavirus y responder a nuestras preguntas.

Puede pedir que le respondan dentro de un plazo de tiempo (por ejemplo, una semana) y añadir que, en caso de no hacerlo, exige que se retiren públicamente todas las medidas antipandemia, se dejen de hacer test masivos y, sobre todo, se cancelen los programas de vacunación inmediatamente. Si fija un plazo, es importante indicar que, en caso de no recibir respuesta, la expiración del plazo puede interpretarse como que usted está en lo cierto y que, por tanto, queda inmediatamente exento del cumplimiento de esas medidas. También puede informar a estos especialistas con amplia formación científica de que se reservará el derecho a presentar cargos ante la policía por abuso de autoridad, intromisión en los derechos fundamentales de educación, libertad, propiedad, patria potestad, dignidad, derecho a la vida y a la integridad física y participación en homicidio. Al haber recibido comunicación de estos hechos de fácil y rápida verificación, ningún empleado de la autoridad sanitaria podrá alegar que no sabía ni sospechaba nada.

Puede notificarle al jefe de la autoridad sanitaria a la que se dirija que, a partir del momento de la redacción de ese escrito, a usted no se le aplican ni se le pueden aplicar, las medidas sanitarias impuestas. Solicítele que le confirme por escrito, y en el plazo indicado, la veracidad de los hechos que usted plantea en su carta o e-mail pues, de ser ciertos, son una demostración de que no hay base científica para la adopción de esas medidas y, por lo tanto, usted queda exonerado del cumplimiento de las mismas. Exíjale también que informe a la oficina gubernamental responsable para que suspenda todas las medidas e imposiciones relacionadas con la supuesta crisis sanitaria, de modo que la sociedad pueda ahorrarse los innecesarios esfuerzos y costes con carácter inmediato.

 

Manera de proceder y objetivos intermedios

 

En el marco de la campaña “Tarjeta roja al coronavirus” me gustaría publicar en Internet todo el intercambio de cartas y e-mails entre los remitentes y las autoridades, tanto las preguntas como las respuestas. La finalidad es hacer pública la información acerca de cómo las autoridades sanitarias admiten la falta de pruebas tanto de la existencia del virus como de la efectividad de las medidas sanitarias o de las vacunas. Recopilaremos y evaluaremos juntos la información y optimizaremos nuestra actuación posterior. El objetivo: transformar la inercia destructiva de la superstición en torno al virus en una oportunidad de conocer la verdadera biología y nuestra historia.

Le animo a que, tan pronto como reciba contestación, publique sus escritos y las respuestas recibidas en el sitio web que hemos habilitado a tal efecto www.rotekartefuercorona.de. Escanee las cartas o haga capturas de pantalla y suba los archivos mediante la herramienta disponible en la web. Evaluaremos su escrito para ver si la dirección es correcta y la información relevante, y la haremos pública. Le escribiremos personalmente o nos dirigiremos a usted en grupo por correo electrónico si tenemos alguna sugerencia de mejora para que continúe la comunicación con la autoridad correspondiente o si tenemos más ideas. Por supuesto, responderemos a las preguntas que surjan de sus acciones. Si usted cree que, con lo que sabe, no puede seguir avanzando, nos puede contactar en info@rotekartefürcorona.de. Le ofrecemos la posibilidad de que establezca una red de contactos. Con las personas que apoyen el proyecto más activamente, tenemos pensando también realizar reuniones online para asesorarlas.

Es de esperar que algunas oficinas gubernamentales se declaren «no competentes» para responder a estas cuestiones y redirijan su petición a otras instancias. Documente también estos pasos para que, tanto nosotros como el resto de activistas, tengamos constancia de estas evasivas. Esto nos permitirá anticiparnos a ellas en futuras solicitudes y valorarlas DESPUÉS de que la crisis del coronavirus haya terminado.

He optado por no proporcionar textos estandarizados, ya que suelen ser rechazados o ignorados. La clave de la campaña “Tarjeta Roja al Coronavirus” es precisamente la individualidad, tanto en la comprensión del tema como en la argumentación. La “tarjeta roja” pretende hacer tambalear las bases de los actores responsables de esta política de miedo a la pandemia. Es previsible que, cuando se depuren responsabilidades, estas recaigan en las personas que conformen los eslabones más bajos de la cadena de mando. Esto lo vimos recientemente en los procesos judiciales acaecidos tras la reunificación alemana que tuvieron como objetivo juzgar a los responsables por las muertes de ciudadanos de la antigua República Democrática Alemana a manos de guardias fronterizos (los llamados Mauerschützenprozessen). Las condenas recayeron en los antiguos guardias fronterizos de menor rango y no en quienes dieron las órdenes. Tal vez los “últimos eslabones de la cadena de mando” hayan aprendido de la historia y no vuelvan a dejarse sacrificar por pura locura y codicia de poder. Y esperemos que la población tampoco se deje, y que todos entiendan el peligro que supone dejarse envenenar con vacunas sin sentido que pueden provocar graves daños en el organismo, esterilidad e incluso la muerte. Así que, por favor, tenemos que ponernos manos a la obra y ser creativos. Por favor, debemos ser amables y no perder el control, dejémosles las emociones a aquellos que creen ciegamente en la existencia de los virus. Este es un requisito previo para participar en esta campaña y una condición indispensable para nuestro éxito.

 

Los siete argumentos

 

A continuación, resumimos los 7 argumentos principales que ponen en evidencia la forma de proceder de los virólogos y que, irremediablemente, les lleva a refutarse a sí mismos. Cada argumento individual refleja un procedimiento específico en el laboratorio que, de por sí, refuta a la virología en su conjunto. El mero hecho de que, para cada uno de los siete argumentos, los virólogos no lleven a cabo las pruebas de control prescritas para que un experimento pueda considerarse científico, ya invalida cualquier pretensión de cientificidad de la virología. Y la corroboración de que la forma de proceder de los virólogos carece de base científica elimina la base legal de todas las medidas sanitarias impuestas por los gobiernos de todo el mundo “en nombre de la ciencia”. Su “tarjeta roja” es nuestro semáforo verde para la vida y para el futuro.

 

  1. Los virólogos interpretan la muerte de las células en el laboratorio como si fuera producida por un virus. Debido a la falta de experimentos de control, pasan por alto el hecho de que, sin querer, ellos mismos matan las células en el laboratorio por inanición y toxicidad. Esta mala interpretación se basa en una única publicación de John Franklin Enders y un colega del 1 de junio de 1954. En el juicio por el virus del sarampión (celebrado en Alemania entre 2012 y 2017), el tribunal de segunda instancia dictaminó que esta publicación no contenía ninguna evidencia de la existencia de un virus, ni de método alguno para determinar su existencia. Esta publicación se convirtió en el fundamento científico exclusivo, no solo para la virología del sarampión, sino para toda la virología desde 1954 y por ende para la actual histeria del coronavirus.
  2. Los virólogos construyen de manera teórica y artificial mediante programas informáticos una cadena de material genético larga a partir de pequeños fragmentos de material genético provenientes de células en descomposición (supuestamente infectadas por el virus). Este proceso teórico y computacional se denomina alineamiento de secuencias y su resultado, la construcción de una cadena genética más larga, se presenta como el genoma viral. El experimento de control requerido en este caso, que no se realiza, consistiría en intentar recrear esta misma cadena genética larga (el supuesto genoma viral) con el mismo procedimiento pero partiendo de información genética obtenida de una fuente no infectada.
  3. Para realizar el proceso de alineación que conformará el supuesto genoma viral, los virólogos necesitan siempre una cadena genética preexistente de otro virus que sirva de referencia. Sin embargo, en este caso también están empleando como referencia una cadena genética creada a su vez de manera teórica y artificial (mediante programas informáticos) y no una real que hayan encontrado y aislado de manera completa. Aquí tampoco realizan experimentos de control para comprobar si con los datos de los que disponen (la llamada información genética) es posible construir o no otras cadenas de material genético “viral” diferentes a la de referencia que están intentado recrear.
  4. Los virólogos nunca han visto o aislado ningún “virus” en humanos, animales, plantas ni en sus fluidos. Sólo lo han hecho en apariencia y de manera indirecta en el marco de experimentos de laboratorio utilizando sistemas celulares artificiales muy específicos. Nunca han mencionado la realización de experimentos de control con los cuales comprobar que la representación y aislamiento de virus se haya dado en y de personas, animales, plantas o de sus fluidos.
  5. Los virólogos nunca han aislado las supuestas partículas virales que presentan mediante imágenes tomadas con el microscopio electrónico. Tampoco las han caracterizado bioquímicamente ni han obtenido de ellas el presunto material genético viral. Nunca han realizado, o al menos publicado, experimentos de control en los que se demuestren que tras aislar estas partículas encuentren en ellas las proteínas “virales” adscritas al virus en cuestión (y que supuestamente conformen la cápside del virus por ejemplo) y, más importante, encuentren el genoma viral que se supone representa el componente principal de un virus.
  6. Los virólogos interpretan como virus o componentes virales, lo que en realidad son componentes típicos de tejidos/células moribundas o estructuras típicas que se forman cuando se arremolinan componentes celulares como proteínas, grasas y disolventes utilizados. Aquí también faltan experimentos de control, que consistirían en realizar exactamente el mismo procedimiento, pero con células/tejidos no infectados para comprobar si se observan esas pequeñas burbujas interpretadas como virus.
  7. Los llamados experimentos de contagio que los virólogos llevan a cabo para demostrar la transmisibilidad y patogenicidad de los supuestos virus refutan por sí mismos toda la virología. Es evidente que en los experimentos con animales que realizan son los propios experimentos los que provocan los síntomas que se interpretan como prueba de la existencia y el efecto de los supuestos virus. Aquí tampoco se llevan a cabo experimentos de control consistentes en hacer exactamente lo mismo, pero con materiales esterilizados que se presumen como no infectados.

 

Para una mejor comprensión

 

En la lista de fuentes incluimos una serie de referencias que le permitirán obtener una mejor comprensión de los puntos esenciales de todo el tema y le ayudarán a tomar una postura responsable dentro de la campaña “Tarjeta Roja al coronavirus”. En este punto quisiera destacar la importancia de una publicación del año 1999, en la que la propia virología se refutó a sí misma. Esta información le permitirá entender más fácilmente cómo y por qué la concesión de un premio Nobel, otorgado de manera injustificada y acientífica el 10 de diciembre de 1954, le dio un nuevo impulso a una virología que se había refutado a sí misma y se encontraba en un callejón sin salida. Este resurgimiento de la virología nos condujo, posteriormente, a la matanza en masa que supuso el VIH/ SIDA 12, a una interminable cantidad de epidemias y pandemias, a la quema de millones de cabezas de ganado por causa de la EEB (encefalopatía espongiforme bovina o enfermedad de las vacas locas), al sacrificio de otros animales como cerdos o aves por causa de las diversas pandemias de gripe, y al gran número de campañas de vacunación sin sentido que se han realizado en nuestra historia reciente. La histeria colectiva en torno al coronavirus es la conclusión lógica y previsible de una inercia que lleva décadas alimentándose.

Hasta el año 1954, los representantes de las diferentes escuelas de la virología estaban de acuerdo en que no había suficientes conocimientos científicos para determinar qué era un virus, cómo podría estar estructurado y cómo podía demostrarse científicamente su existencia. Los partidarios de las diferentes corrientes y escuelas se refutaron mutuamente de manera pormenorizada y científica. Este proceso está exhaustivamente reflejado en el trabajo publicado en 1999 por el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, de título “Sobre la historia de las primeras investigaciones acerca de los virus”.13

Hasta el año 1954 existían dos corrientes dentro de la virología que pugnaban por imponer su modelo conceptual sobre los virus. La corriente «imperante» en la medicina proponía que los virus eran proteínas tóxicas. Según esta corriente, estas proteínas tóxicas (o virus) provocaban enfermedades y, al reproducirse, las propagaban, de la misma manera que sucedía con las supuestas toxinas de las bacterias. De hecho, hasta el año 1952 se creía firmemente que el material genético de la vida estaba compuesto exclusivamente de proteínas y que los supuestos virus-proteína podían autorreplicarse. La otra gran corriente, también refutada experimentalmente, sostenía que los virus eran elementos puramente genéticos que actuaban de una forma diferente a la descrita por sus adversarios. Creían que esta clase de virus podían ser a veces peligrosos y a veces beneficiosos y que, en consecuencia, podían generar tanto enfermedades como resistencia a las mismas. Sin embargo, como en aquella época se consideraba que la herencia sólo se transmitía a través de la reproducción sexual y se suponía que los virus no tenían esta capacidad, este modelo de virus no tenía ninguna posibilidad de ser aceptado por las élites científicas.

 

Cómo las miniesporas se convirtieron en un modelo para los virus

 

En 1952, se demostró que las proteínas no pueden reproducirse directamente y que su síntesis se realiza a partir de un ácido nucleico. Este descubrimiento supuso la refutación definitiva de la virología basada en el concepto de las proteínas tóxicas y de su modelo de virus. Con esta constatación se creía haber demostrado también que la sustancia genética de la vida, intuida y buscada durante tanto tiempo, existía: era precisamente el ácido nucleico (ADN). Pero esta hipótesis fue rebatida en el año 2001.14 El descubrimiento del papel que desempeña el ácido nucleico en la síntesis de las proteínas se produjo al observar el comportamiento de las bacterias en situaciones extremas. Se constató que, cuando las condiciones de supervivencia se vuelven adversas, las bacterias se transforman en miniesporas.

Pero estas miniesporas se interpretaron erróneamente como fagos (también llamados bacteriófagos), es decir, como virus de las bacterias. Esto hizo que a la virología se le abriera un nuevo campo de posibilidades para elucubrar sobre la forma y la estructura que podrían tener los virus, cuya existencia se intuía, pero aún no se había demostrado. Pero, así como en el caso las miniesporas y los fagos siempre es posible identificar su estructura y sus ácidos nucleicos, los virólogos nunca han encontrado estructuras virales con su ácido nucleico específico intacto. Por eso, construyen modelos de cadenas largas de ácidos nucleicos de manera puramente conceptual a partir de fragmentos de material genético de células desintegradas y los interpretan como el genoma del virus. En el microspopio electrónico, estructuras típicas de células en proceso de descomposición se interpretan erróneamente como virus, aun cuando estas estructuras nunca se han caracterizado bioquímicamente ni se ha aislado ningún genoma viral completo de las mismas.

Los virólogos no se dieron cuenta de que las miniesporas de las bacterias no pueden ser virus porque no tienen ninguna función negativa o patógena. De todos modos, como puede verse en el trabajo de justificación del Premio Nobel de 1969 concedido a los investigadores de los fagos-miniesporas 15, estas miniesporas se convirtieron en el modelo para los virus, y este es el modelo que toda la virología ha seguido hasta nuestros días. Las miniesporas de las bacterias y otros organismos simples, como los mal llamados “virus gigantes”16, son siempre muy fáciles de aislar, es decir, de concentrar y separar de todos los demás componentes en la muestra bajo estudio. También se fotografían las miniesporas dentro de los organismos que las generan y, de manera regular, TODOS sus componentes se caracterizan bioquímicamente. En el proceso, todas las miniesporas (malinterpretadas como fagos o virus gigantes) contienen siempre todas las proteínas y, sobre todo, el ácido nucleico, que tiene siempre la misma longitud y composición para cada tipo de miniespora.

 

Un premio Nobel desafortunado convirtió una especulación en un hecho científico

 

La virología, que se había refutado a sí misma de manera exhaustiva, experimentó un renacimiento por casualidad. Sucedió de manera indirecta y muy poco científica. ¡Fue a partir de la concesión del Premio Nobel de medicina en 1954, y por una observación que había tenido lugar seis años antes en el marco de la antigua concepción del “virus como proteína tóxica”! Este Premio Nobel, que se otorgó sin justificación científica, hizo que se reavivara la creencia, ya puesta en duda, de que los virus existían. La concesión del Premio Nobel a John Franklin Enders convirtió automáticamente una especulación suya, publicada seis meses antes el 1.6.1954, en un “hecho científico” que nunca fue cuestionado y que pasó a ser el fundamento de la futura virología. La especulación del ganador del Nobel alimentaba la idea de que tal vez fuera posible reproducir los virus, aunque estos no se conocieran en absoluto.

Enders y su colega llegaron a la conclusión de que la muerte de tejidos animales en el tubo de ensayo podía interpretarse como prueba de la presencia y multiplicación de los virus. Tras la concesión del premio Nobel, todo el mundo asumió esta hipótesis como un hecho científico. En la publicación de su especulación del 1 de junio de 1954 17,Enders y su colega señalaron explícita y repetidamente que la muerte de tejidos animales en el tubo de ensayo probablemente no tenía nada que ver con los procesos que ocurrían realmente en el organismo humano, y que factores desconocidos o virus ocultos en el animal podían ser la causa de la muerte de los tejidos. De hecho, observaron que los tejidos bajo estudio también morían aun cuando no se les aplicara material supuestamente infectado por virus obtenido de personas enfermas. Por ello, instaron a los lectores a verificar estas observaciones en el futuro, con rigor y métodos científicos.

Después de la entrega del Premio Nobel, el 10 de diciembre de 1954, estas advertencias se olvidaron y, un tiempo después, Enders llegó a afirmar que todo el desarrollo futuro de vacunas se basaría en esta idea. Y así ha sido hasta hoy. La concesión de un premio Nobel convirtió una especulación en un hecho científico, sobre el que se fundó la moderna virología que nos ha llevado a la crisis del coronavirus.

La especulación del 1 de junio de 1954 y el resurgimiento de la virología fue posible única y exclusivamente porque Enders y todos los virólogos después de él no realizaron los experimentos de control prescritos por la ciencia. Los virólogos llevan décadas sin darse cuenta de que, de manera involuntaria, están matando tejidos y células en los tubos de ensayo. La muerte de los tejidos y las células se produce por inanición y por la toxicidad derivada del empleo de antibióticos (que se usan para prevenir la infección por bacterias) que matan no solo a las bacterias sino también a los tejidos humanos, animales y vegetales. El veredicto judicial del proceso del virus del sarampión (que tiene la categoría de definitivo) despojó a la virología de toda base científica y, por tanto, jurídica. Tres instancias judiciales establecieron y confirmaron que la publicación de Enders del 1 de junio de 1954 no contiene ninguna evidencia de la existencia de virus alguno y que, en conclusión, la base metodológica que propone para la determinación de la existencia de virus no es válida.

 

Referencias:

 

  1. Al respecto pueden consultar los trabajos de la asociación www.libertas-sanitas.de

  2. Ursula Stoll y Stefan lanka: Corona. Weiter in Chaos oder Chance für Alle? (Coronavirus. ¿Descenso al caos o una oportunidad para todos?). libro, 210 páginas. 2da edición, 2021. Se puede adquirir en idioma alemán en wplus-verlag.de o praxis-neue-medizin.de

  3. Introducción a una nueva concepción de la vida Parte I a III. Serie de tres artículos publicada en los números 1/2019, 2/2019 y 3/2019 de la revista WissenschafftPlus.

  4. Cita de Platón (427 – 348 a.C.), Plato en latín, filósofo griego: “Así como no se debe pretender curar los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin todo el cuerpo, tampoco el cuerpo sin el alma; esto mismo sería la causa de que los médicos entre los helenos no estén a la altura de la mayoría de las enfermedades, porque ignoraban el todo, al que había que dirigir tales cuidados ya que su malestar hacía imposible el bienestar de cualquier parte individual. Porque todo […] brota del alma, el mal y el bien del cuerpo y del hombre entero y se proyecta de allí como los ojos de la cabeza”. Fuente: Platón, Cármides (diálogo de Platón). traducido al alemán originalmente por Friedrich Schleiermacher.

  5. El médico y escritor Seamus O‘Mahony, en su libro de 2019 „Can Medicine Be Cured? The Corruption of a Profession” (¿Se puede curar la medicina? la corrupción de una profesión“), llega a un pronóstico sombrío: en su opinión, sólo una catástrofe humanitaria puede provocar una reforma de la medicina.

  6. Giuliana lüssi: Die Universalbiologie-eine Lebenseinstellung (la Biología Universal – una concepción de la vida). libro, 180 páginas. 2da edición, 2021. Disponible en wplus-verlag.de oder praxis-neue-medizin.de

  7. Stefan Lanka: los causantes de la crisis del coronavirus están claramente identificados. Los virólogos que afirman la existencia de virus patógenos cometen fraude científico y deben ser juzgados. Artículo publicado en el número 4/2020 de la revista Wissenschafftplus. este texto puede encontrarse en alemán y en inglés aquí: https://wissenschafftplus.de/cms/de/wichtige-texte

  8. A new coronavirus associated with human respiratory disease in China. Nature 579, 265–269 (2020). https://doi.org/10.1038/s41586-020-2008-3. en esta publicación se describe por primera vez la construcción teórica mediante programas informáticos del genoma del SARS-CoV-2. este genoma artificial se convirtió en la plantilla exclusiva de referencia para todas las construcciones posteriores en las que sólo se repitió lo llevado a cabo en este trabajo con el fin de recrear el resultado. Este trabajo no se publicó hasta el 3.2.2020, lo que da la impresión de que el segundo trabajo, referenciado a continuación y que se publicó antes, se creó aparentemente de forma independiente. Pero este no es el caso: la secuencia genética creada artificialmente del primer artículo ya se encontraba disponible en internet a fecha del 10.1.2020 aunque el artículo científico se publicara el 3.2.2020, por lo que se convirtió en la referencia de lo que se supone que es el SARS- CoV-2. la segunda publicación científica sobre el nuevo coronavirus vino a confirmar la construcción artificial del genoma viral del primer artículo y añadió imágenes tomadas mediante el microscopio electrónico que supuestamente representaban al virus: A Novel Coronavirus from Patients with Pneumonia in China, 2019. N engl J Med 2020; 382: 727- 33. DOI: 10.1056/NeJ-Moa2001017.

    Disponible online desde el 24.1.2020.

  9. Stefan Lanka – Virus: Un error de Interpretación” Parte 1,  Parte 2 y Parte 3 

  10. Ver www.projekt-immanuel.de y el canal de Odysee.

  11. Véase la página de telegram “Corona_Fakten”

  12. Para hacerse una idea de cómo el VIH/SIDA sigue matando hoy en día, recomiendo ver el documental “I won’t go quietly!” de Anne Sono. Por su compromiso y por sus películas a favor de la educación en casa (home schooling) se ha ganado una más que merecida buena reputación.

  13. karlheinz lüdtke: Zur Geschichte der frühen Virusforschung. Wie sich mit technischen Fortschritten bei der Untersuchung “filtrierbarer” infektiöser Agenzien das Verständnis der Virusnatur entwickelt hatte. (Sobre la historia de las primeras investigaciones sobre los virus. Cómo los avances técnicos en el estudio de los agentes infecciosos “filtrables” han desarrollado la comprensión de la naturaleza de los virus.) Reimpresión Nr. 125 (1999) del el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, 89 páginas.

  14. Los intentos de investigar el ADN humano sólo dieron como resultado la refutación de todas las ideas imperantes sobre la herencia genética y el papel del ADN. Ver el artículo “Erbgut in Auflösung” publicado por el periódico Die Zeit el 12.6.2008 el cual se encuentra gratuitamente en internet. Recomiendo consultar los diferentes artículos que le hemos dedicado a la “ingeniería genética” en la revista WissenschafftPlus.

  15. Véase la justificación para la concesión del premio Nobel en 1969 al llamado “Grupo de los Fagos” en nobelprize. org

  16. Véase 7

  17. Enders, J.F. & Peebles, t.C. (1954) Propagation in tissue cultures of cytopathogenic agents from patients with measles. Proceedings of the Society for experimental Biology and Medicine, 86(2): 277-286.“ Se encuentra aquí: https://archive.org/details/EndersPeebles1954/page/n7/mode/2up

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