¿Hasta qué punto están vivos o muertos los virus?

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Entrevista con el Dr. Stefan Lanka, biólogo molecular y marino.

Refutadas todas las afirmaciones de la existencia de los virus

 

Artículo original (Marzo 2020)en alemán en la Revista Die Wurzel.

Traducido por Joan Solé y revisado por el equipo de MaterialdeNMG.

 

¡ Ganador del juicio del virus del sarampión !

 

Revista Die Wurzel: Apreciado Stefan, eres biólogo molecular, biólogo marino y científico, y ganaste el proceso judicial del virus del sarampión demostrando científicamente que este virus no existe. ¿Cuándo fue?  

Stefan Lanka: Inicié las acciones que desencadenaron el proceso del virus del sarampión a finales de 2011 para evitar que se introdujera como obligatoria la vacuna contra el sarampión. El proceso judicial empezó en 2012 y se prolongó hasta principios de 2017. 

El demandante no presentó recurso de apelación ante el Tribunal Constitucional Federal de Alemania (abreviado como “BVF” en adelante, del alemán Bundesverfassungsgericht) contra la sentencia del Tribunal Federal de Justicia (abreviado como “BGH” en adelante, del alemán Bundesgerichtshof) de fecha 1 de diciembre de 2016. Con esta sentencia se había rechazado el recurso de apelación del demandante contra la resolución del Tribunal Superior de Justicia (abreviado como “OLG” en adelante, del alemán Oberlandesgericht) de Stuttgart de 16 de febrero de 2016 que había sido favorable para mí.1

 

En detrimento de la población…

 

El Tribunal Superior de Justicia (OLG) de Stuttgart, en detrimento de la población, no tuvo en cuenta la evidencia que se le presentó, la cual estaba basada en experimentos realizados e informes de expertos que refutaban la existencia del virus del sarampión. 

El OLG no desestimó la demanda por motivos formales tal como el demandante aún afirma. En la fundamentación de la sentencia, el tribunal concluye que el perito designado judicialmente manifestó que ninguna de las seis publicaciones presentadas contenía evidencia de la existencia de ningún tipo de virus.

 

El fundamento de la virología cuestionado judicialmente

 

Es sorprendente que una de las seis publicaciones presentadas en el juicio constituya el único fundamento tanto de la existencia del virus del sarampión como de toda la virología. La sentencia del Tribunal Superior de Justicia (OLG) de Stuttgart de 16 de febrero de 2016, corroborada por el Tribunal Federal de Justicia (BGH), pone en cuestión la base de toda la virología (y en consecuencia también la crisis del coronavirus) porque sienta jurisprudencia en Alemania poniendo de manifiesto que esta publicación (a la que todos los virólogos se remiten) no contiene ninguna evidencia de la existencia del virus al que alude. Lo que falta ahora es que esta jurisprudencia sobre los virus se lleve a la práctica.

Para proteger al perito designado judicialmente de un proceso penal por incurrir en falso testimonio en su dictamen pericial escrito, el tribunal (OLG) de Stuttgart suprimió la declaración registrada del perito sobre las seis publicaciones presentadas.

 

El perito fue condenado judicialmente por falso testimonio

 

Bajo la presión de las preguntas claras de una joven juez, el perito admitió la falsedad de su declaración: reconoció que, contrariamente a lo que había manifestado por escrito, las seis publicaciones presentadas por el demandante no contenían ninguna prueba de control para verificar si el método utilizado había funcionado bien y comprobar si el resultado se había falseado o se había interpretado de forma ilusoria. Esto significa que las seis publicaciones presentadas en el proceso son artículos sin valor que no pueden considerarse científicos. Las reglas del trabajo científico prescriben la realización de pruebas de control y la elaboración de una documentación detallada de las mismas. Y si esto no se hace, no es ciencia.

El proceso y la sentencia del Tribunal Superior de Justicia (OLG) de Stuttgart ponen en duda el fundamento de la virología. Para más información sobre este tema véase mi artículo “El Tribunal Federal de Justicia pone en tela de juicio la creencia en los virus” de la revista WissenschafftPlus 2/2017, que también se puede consultar en línea en wissenschafftplus.de

 

Error conceptual de virólogos de renombre

 

Die Wurzel: En los últimos tiempos, pero de manera especial desde que empezó la crisis del coronavirus, en todos los medios de comunicación aparecen virólogos reconocidos como el Dr. Drosten del Hospital Charité de Berlín o el profesor Streeck de Heinsberg haciendo declaraciones en las que afirman que los virus, que aparentemente están vivos, son los causantes de toda una serie de enfermedades. ¿Por qué creen los virólogos en los virus, si en realidad no se han encontrado ni en tejidos ni en células vivas?

Stefan Lanka: Los virólogos no dicen que los virus estén vivos, pero sí afirman que su material genético es infeccioso. Concuerdan en que los virus carecen de metabolismo propio y que, por tanto, son bioquímicamente inertes, están muertos. No obstante, también aceptan que por todas partes hay fragmentos de genes de virus2 que no son infecciosos. Así pues, consideran que solo es infeccioso el genoma viral completo (el virus entero) y entienden que un fragmento de gen (una parte del virus) no lo es. Pero, mientras defienden este punto de vista, ocultan su mayor secreto profesional: el hecho de que nunca han encontrado un genoma viral completo, esto es, un virus entero.

 

Los virólogos lo confirman: ¡los virus están bioquímicamente muertos!

 

Todos los virólogos aceptan por definición que los virus no tienen metabolismo propio y que están bioquímicamente muertos. 

¿Cómo es posible que algo muerto pueda desarrollar la fuerza necesaria para entrar en el organismo, atravesando piel, fascias, tejidos de órganos, revestimientos de los vasos sanguíneos, membranas mucosas y finalmente consiga penetrar a través de la dura masa de tejido conectivo que rodea a todas las células? Esto no es una pregunta abierta, sino un mito que se ha desarrollado a lo largo de nuestra historia y que, desde hace tiempo, ha sido refutado.

 

La virología ya se refutó a sí misma en 1951

 

Lo que los virólogos pasan por alto es que la teoría3 en la que se basan tanto la biología como la medicina y a partir de la cual se desarrollaron las teorías de la infección, la inmunidad, los genes y el cáncer (todas ellas erróneas), no sólo es incorrecta, sino que está refutada. 

También obvian que la virología médica se refutó a sí misma en 19514 y que a partir de 1952 se desarrolló un nuevo modelo conceptual, la idea del virus de cadena genética, que está basado en una interpretación errónea de una función de las bacterias (que no puede trasladarse a los humanos, los animales o las plantas). Véase mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación”.

Die Wurzel: ¿Cuándo dejaste de creer en la hipótesis oficial del virus?

 

Lo que se interpreta erróneamente como virus son miniesporas que tienen una función biológica específica

 

Stefan Lanka: Creí en esta idea hasta que aislé una estructura del mar y la caractericé bioquímicamente. En aquel momento la interpreté de manera errónea como un virus INOFENSIVO. Luego me di cuenta de que el término “virus” no debería usarse ya que, en la teoría celular refutada, se entiende que es una especie de veneno causante de enfermedades, producido por el propio organismo.

Hoy, los investigadores curiosos saben que a partir de estas estructuras5 (que se producen por autoorganización) se origina vida biológica.6 En el caso de las bacterias, estas estructuras se denominan fagos.7 Es importante destacar que en el laboratorio los fagos sólo aparecen cuando las bacterias se separan y, como resultado de esto, su bioquímica se ve empobrecida. A partir de determinado momento (en un proceso de metamorfosis dirigido), toda la biomasa bacteriana se transforma en una multitud de pequeñas estructuras exactamente iguales.

La función de estas pequeñas estructuras (como sucede con las miniesporas) es hacer que su ácido nucleico8 esté disponible para aquellos organismos que lo necesiten. Pero, con las gafas ambivalentes de la patología celular (pensamiento en términos de blanco o negro, bueno o malo), estos procesos específicos y significativos se interpretaron de manera negativa y se concluyó que estas estructuras eran venenos (del latín virus) causantes de enfermedades.

Estas pequeñas estructuras son muy fáciles de aislar (en el sentido correcto de esta palabra), fotografiar y analizar bioquímicamente. Desde 1952, los jóvenes virólogos incautos (que no sabían que la vieja virología estaba superada ni porqué) CREYERON que los supuestos virus encontrados en humanos y animales eran como los “fagos” (las miniesporas de las bacterias) y que tenían su misma estructura.

 

Los tejidos en proceso de morir no se convierten en virus

 

En 1954 se propuso una técnica para detectar los supuestos virus humanos (tema de una de las seis publicaciones presentadas en el juicio del virus del sarampión), basada en el mismo método que se había utilizado de manera exitosa para detectar los fagos de las bacterias. Se esperaba que, al morir y descomponerse los tejidos bajo estudio, estos se convirtieran en virus de la misma manera que las bacterias al morir se convertían en fagos. La diferencia fundamental radica en que dichos fagos se han podido aislar y fotografiar de forma pura en grandes cantidades muchas veces y se ha podido comprobar de manera reiterada que tanto la longitud como la composición de su material genético eran siempre idénticas. Su material genético se obtiene siempre de manera completa, algo que no se ha podido hacer nunca con los presuntos virus.

Lo único que han conseguido los virólogos9 es ensamblar fragmentos cortos de material genético (obtenido de tejido y células desintegradas) con los cuales construir un modelo conceptual de virus inexistente en la realidad. (A continuación se presenta una explicación más detallada de esto).

 

Los virólogos desestiman las pruebas de control

 

Como este tipo de virólogos ignoran las reglas fundamentales del trabajo científico y continúan negándose a realizar pruebas de control, no se dan cuenta de que los tejidos y las células que mueren en el tubo de ensayo no lo hacen debido a un supuesto virus sino por inanición y envenenamiento accidental durante el procedimiento que precede a cada “infección” aparente.

Esto significa que las secuencias de material genético que se detectan en los test genéticos virales no provienen de ningún virus sino del propio cuerpo humano. El resultado del test depende de la cantidad de fragmentos de genes de la muestra analizada. Si la cantidad es suficiente, el resultado es “positivo” y en caso contrario “negativo”. Es de sobra conocido que durante una enfermedad, y especialmente en los procesos inflamatorios, el cuerpo libera más material tisular y, por lo tanto, más fragmentos de genes que cuando está sano o se encuentra en proceso de curación (momentos en los que el cuerpo no libera casi nada). Por consiguiente, en estos momentos es más probable obtener un resultado positivo.  

De todos modos, con solo aumentar la cantidad de la muestra10, cualquier persona, cualquier animal y probablemente incluso cualquier planta pueden dar positivo. En mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación – Parte II” hago un llamamiento a científicos, bioinformáticos y técnicos de laboratorio honestos para llevar a cabo estas pruebas de control y publicar los resultados. La evidencia de que estas pruebas de control nunca se han realizado se presentó al Tribunal Superior de Justicia (OLG) de Stuttgart dentro del proceso del virus del sarampión, pero fue ignorada.

 

¡ Muchos científicos trabajan de manera muy poco científica !

 

Die Wurzel: ¿Qué significa para ti hacer el trabajo científico de manera honesta, aparte de de realizar las pruebas de control? ¿Qué otras cosas deberían hacer y no hacen muchos de los científicos que trabajan para la industria?

Stefan Lanka: Lo más importante es comprobar constantemente las hipótesis, tanto las propias como las de los demás. Pero la mayoría de ellos no lo hacen porque si lo hicieran serían despedidos. El mecanismo que está en funcionamiento aquí fue reconocido y publicado ya en 1956 por el excepcional genio Eugen Rosenstock-Huessy. Me refiero a él y lo cito constantemente, entre otros textos, en la serie de artículos publicados en los números 1, 2 y 3/2019 de la revista WissenschafftPlus que tanto te entusiasmaron, apreciado Michael, y sobre los que escribiste en tu artículo de Die Wurzel 4/2019.

Die Wurzel: Cada vez es más frecuente encontrar reportajes que denuncian que científicos financiados por la industria publican artículos y estadísticas para satisfacer las expectativas de sus clientes. El resultado es un flujo constante de estadísticas distorsionadas sobre infectados o fallecidos por el virus del sarampión, el coronavirus, el virus de la gripe, etc. ¿Por qué no existen órganos de control independientes que supervisen los resultados de los estudios y los métodos de trabajo?

Stefan Lanka: No puedo responder a esta pregunta aquí por falta de espacio.

 

Control ciudadano sobre la ciencia y la política

 

Solo añadiré lo siguiente: desde una perspectiva democrática, la política y la ciencia solo pueden funcionar bien si el ciudadano (el “contratante” y destinatario final) sabe lo que está sucediendo. En otras palabras, si los procesos y los responsables están controlados por la ciudadanía. Estamos bastante lejos de esta situación ideal y por el momento creo que esto solo se puede lograr a través de una red de grupos autoorganizados.

Los únicos que se han organizado con éxito hasta el momento son, en primer lugar, algunas agrupaciones que claramente incumplen los objetivos que se han establecido y parecen no darse cuenta. Y en segundo lugar, los optimizadores de beneficios que se organizan en empresas y asociaciones que afrontan y alcanzan de forma consecuente sus objetivos (públicos y no públicos). La empresa Geox parece haber reconocido esto en un sentido positivo: fundan una nueva empresa cuando la antigua ha alcanzado la cantidad de 500 empleados. Este es, por lo visto, el número de personas con las que todavía es posible mantener la visión general y la confianza mutua y, en base a esto, se puede realizar un trabajo simbiótico.

El Príncipe de Liechtenstein trasladó esto a las estructuras estatales y lo formuló en su libro “El Estado en el Tercer Milenio”. En él plantea la autogestión en todas las áreas del estado (donde sea posible) y la organización en estructuras pequeñas, porque en las estructuras grandes y complejas siempre se pierde la visión global y su administración es ineficiente y demasiado cara.

Die Wurzel: Te he oído decir que ciertos acontecimientos de la historia científica hicieron que determinadas especulaciones “científicas” fueran elevadas a la categoría de hechos científicos incuestionables. Entre ellas, por ejemplo, la existencia de los virus. Pero, según parece, su existencia no se ha podido demostrar.

Stefan Lanka: Para mí siempre ha sido importante reconocer las grandes líneas de desarrollo y los principales mecanismos de funcionamiento, es decir, entender cómo y por qué algo se ha desarrollado. Y creo que he logrado hacerlo en lo que se refiere a la medicina “occidental”, nuestra medicina. Véase mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación”. En relación con esto quiero destacar también un artículo de Siegfried Mohr sobre Eugen Rosenstock-Huessy incluido en WissenschafftPlus 2/2020 titulado “La ciencia desde la perspectiva del tiempo”, en el que se pone claramente de relieve la importancia de reconocer las conexiones históricas.

Die Wurzel: Todos los virólogos y la ciencia en general están de acuerdo en que los virus pueden aislarse aunque, como vimos antes, no se haya hecho. ¿Puedes entrar en este tema con más detalle?

 

Los virólogos matan los tejidos inadvertidamente en el laboratorio

 

Stefan Lanka: Los virólogos no usan la palabra “aislamiento” en el sentido literal de la palabra. Y se ponen sospechosamente nerviosos cuando se les pregunta al respecto. Entienden por “aislamiento” la consecución de un efecto en el laboratorio, que también interpretan como:

a) Infección.
b) Evidencia de la presencia de un virus.
c) Prueba de su replicación.
d) Demostración de la capacidad destructiva del supuesto virus.

Pero lo que en realidad sucede en el laboratorio es que, de forma inadvertida e inconsciente, matan tejidos y células por inanición y envenenamiento. Véase mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación“.

Die Wurzel: Los virólogos creen que los tejidos y las células que mueren se transforman completamente en virus. Por eso atribuyen la muerte de los tejidos y las células a la replicación del virus. ¿Estoy en lo cierto al decir que cuando los tejidos y las células mueren siempre producen estos “supuestos virus”, que en realidad son desechos celulares, y que esto forma parte de la propia naturaleza de los procesos de síntesis y descomposición del organismo?

 

Los virus no pueden reproducirse

 

Stefan Lanka: Para explicar esto, primero tengo que hablar de las bacterias y los fagos. La metamorfosis de las bacterias, es decir, la conversión de las bacterias en fagos, no puede describirse como muerte celular pues, en realidad, es un proceso muy específico y útil. La transformación de las bacterias en fagos ya era conocida y en 1954 se intentó realizar con tejidos y virus. Se creía que, de manera similar a bacterias y fagos, la muerte de tejidos dentro de experimentos de infección llevaría a la transformación de dichos tejidos en virus tras su muerte. A diferencia de los virólogos, los demás científicos, por ejemplo los biólogos celulares, no asumen que los tejidos o las células que mueren se vayan a convertir en virus. Al contrario, estudian la muerte para comprender cómo se produce en el cuerpo. Y emplean los términos muerte celular coordinada (apoptosis) o autofagia (reciclaje) para referirse a estos mismos procesos que los virólogos interpretan erróneamente como formación de virus. 

En los humanos y los animales, los procesos de síntesis y descomposición se producen de manera continua e imperceptible. Los tejidos y las células se degradan constantemente generando pequeños componentes que luego se almacenan en los órganos previstos para este propósito11, por ejemplo el hígado, para ser procesados y aprovechados.

El término virus debería dejar de utilizarse en el futuro porque es engañoso, está plagado de interpretaciones erróneas y surge del ya refutado pensamiento ambivalente (en términos de blanco o negro, bueno o malo), la forma de pensar de las personas que no pueden o no quieren interpretar la complejidad de otra manera.

Die Wurzel: A los virus, independientemente de su tipo, se les atribuye una autonomía y una actividad propia que en realidad no tienen.

 

Las cadenas genéticas virales se construyen de manera artificial y teórica

 

Stefan Lanka: Sí, todo el modelo conceptual es erróneo. Y tampoco se puede sostener con hipótesis auxiliares alternativas. Como desde 1954 los “virólogos” creen que cuando los tejidos mueren en los llamados “ensayos de infección”12 se transforman en material viral, interpretan que los fragmentos cortos de ácidos nucleicos que encuentran son trozos de virus. Entonces, a partir de estos fragmentos de ácidos nucleicos13, construyen de manera artificial y teórica una cadena genética viral que es irreal e ilusoria. Y como los analistas de secuencias, al analizar los cromosomas humanos, encuentran estas supuestas secuencias virales dentro de las secuencias de los cromosomas humanos, afirman que más del 50% de nuestros cromosomas están formados por genes de virus.

 

La letalidad de los “virus” es inventada y ficticia

 

Die Wurzel: Tus explicaciones hacen cada vez más comprensible por qué la industria farmacéutica, los médicos, los virólogos, los políticos y las autoridades atribuyen a los hipotéticos virus una peligrosidad y una letalidad que, en realidad, son ficticias.

Stefan Lanka: Sí, en parte lo hacen para conseguir prestigio y justificar sus acciones. Y también porque la medicina se ha convertido en una inmensa área de negocio que, como las demás, está sometida a la presión de obtener beneficios y esto hace que se vea obligada a exagerar constantemente.

En su libro “Némesis médica” (1976), Iván Illich explica el desarrollo y los peligros de esta compulsión por exagerar, que finalmente matará a todos y a todo. Tuve un encuentro muy enriquecedor con él en 1995, al que hago referencia en nuestro primer libro sobre el tema de la vacunación y en la revista WissenschafftPlus. 

Seamus O‘Mahony, autor del libro “¿Se puede curar la medicina?” (2019), hace constantes alusiones a las ideas de Iván Illich y llega a la conclusión de que la medicina ya no puede curarse a sí misma y que actúa de una manera cada vez más destructiva. Se refiere a la medicina de las sustancias, la medicina que se centra en la supresión de los síntomas. Sobre la otra “medicina”14, dice que nunca tuvo la oportunidad de ser utilizada.

Die Wurzel: ¿Cómo crees que se podría hacer llegar esta nueva comprensión científica de los virus y las bacterias a la opinión pública, de manera que el proceso no suponga 100 años?

 

El coronavirus como oportunidad, como catalizador del cambio

 

Stefan Lanka: Haciendo lo correcto en el momento adecuado, esa es la respuesta. Véase el artículo sobre Rosenstock-Huessy en WissenschafftPlus 2/2020 y también mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación – Parte II. Principio y fin de la crisis del coronavirus“. Este texto está también disponible en alemán gratuitamente en nuestra web wissenschafftplus.de. El contenido de este artículo (en el contexto de la magnitud de la sacudida y el riesgo para casi toda la humanidad que ha supuesto la crisis del coronavirus) tiene la fuerza para posibilitar un aprendizaje rápido, así que no será necesario esperar 100 años. Visto así, la crisis del coronavirus es una oportunidad para todas las personas y todas las áreas. Su efecto no se limitará a los ámbitos de los virus, la medicina, la política y los negocios.

 

La teoría de los virus y las ventas de la industria farmacéutica

 

Die Wurzel: Tengo la impresión de que la industria farmacéutica va a hacer lo posible por defender la teoría de los virus y mantener las cosas tal como están. De lo contrario perderían miles de millones en ventas de medicamentos y vacunas. Para divulgar el nuevo conocimiento sobre los virus deberían editarse nuevos libros de texto de biología y desarrollar nuevos contenidos de cursos para los estudiantes de medicina, biología y farmacia.

También pienso que la mayoría de la gente solo logrará comprender que los virus no existen (en el sentido tradicional) a través de la propia experiencia. Los causantes de las enfermedades no son los virus, las bacterias o los parásitos. La enfermedad es el esfuerzo de autocuración del sistema inmunológico o la actividad de “limpieza doméstica” de un organismo que ha acumulado desechos durante décadas y que no ha podido liberarse de ellos debido a la falta de ayuno terapéutico, alimentos que aporten vitalidad, ejercicio físico, sol, etc. ¿Crees que es así?

Stefan Lanka: Antes de la crisis del coronavirus también pensaba que el cambio solo podía producirse lentamente y que debía provenir de abajo. Pero la propia dinámica del coronavirus me ha obligado a estudiar de nuevo todos los detalles cruciales y a hacerlos públicos. El resultado es el artículo “Virus: Un Error de Interpretación – Parte II” que, junto con las acciones que se deriven de él, pueden generar un salto de conocimiento más rápido de lo que pensaba.

 

Entre el pánico y la comprensión profunda

 

La humanidad se encuentra ante una disyuntiva: (a) “avanzar hacia la autodestrucción por miedo y locura” o (b) “progresar hacia una comprensión más profunda de causas e interacciones mediante la integración de niveles de conocimiento no contemplados hasta el momento por el materialismo primitivo “. Y deberá actuar en consecuencia. 

Creo que la mayoría de la gente tiene la sensación de que en los ámbitos del coronavirus, la medicina y la política hay algo que no encaja, algo fundamental que no está bien. Por eso sugiero a los lectores que se cuestionen conceptos generalmente aceptados como el de “sistema inmunológico”, etc. para que la vieja forma de pensar ambivalente (en términos de bueno o malo) no persista en el futuro. 

Veo la importancia de la nutrición y de manera especial la del ayuno pero dentro de un sistema bien fundamentado de conocimiento individual de la psicosomática, un nuevo sistema construido sobre la piedra angular que el Dr. Hamer colocó con su contribución15. Pero debemos tener cuidado de no justificar un nuevo dogmatismo, pues muchos aspectos tanto “espirituales” como “materiales” de este nuevo sistema de conocimiento que está en proceso de desarrollo están aún pendientes de ser elaborados. Véase tu artículo en la revista Die Wurzel 04/19.

No debemos olvidar que nuestras ideas pueden quedar obsoletas de la noche a la mañana (yo lo aprendí de una médica16). Por eso en mis conferencias y seminarios siempre digo que la mejor respuesta a una pregunta vendrá en el futuro y que la respuesta dada es solo la segunda mejor. Los seres humanos somos parte de la vida y por este motivo no podemos tener una visión general de la misma. Por eso, en la ciencia, la humildad es tan importante como el constante cuestionamiento de las cosas.

 

Vacunas que contienen virus

 

Die Wurzel: Volvamos a la teoría de los virus, que es la base de la vacunación. Hay vacunas, por ejemplo las que se emplean para el sarampión, que se denominan vacunas “vivas”, aunque contienen de todo menos virus vivos.

¿Cómo se hacen las vacunas “vivas” y por qué pretenden emular a un virus cuando no existen virus con actividad infecciosa de manera autónoma?

 

Vacunas “vivas” y vacunas “muertas”

 

Stefan Lanka: ¡Ahora entiendo cómo se te ocurrió el término “virus vivos”! Cuando en el laboratorio se realiza un “ensayo de infección” y en el proceso los tejidos mueren por inanición y envenenamiento accidentales, se asume que estos tejidos han liberado virus o se han transformado en virus. 

Los fabricantes de vacunas utilizan esta masa de tejido muerto (los supuestos virus) para elaborar sus vacunas y, como creen que esta masa de tejido es infecciosa, emplean el concepto de “vacuna viva atenuada”. Es decir, creen que los virus de la vacuna están debilitados, pero continúan siendo infecciosos. 

A diferencia de esto, los componentes de los supuestos virus se denominan “vacunas muertas o inactivadas” si no son infecciosos o si el tejido que se desintegra en un ensayo de infección está protegido de una mayor descomposición con “conservantes” como el formaldehído para su utilización posterior. La vacuna de la polio, por ejemplo, se considera una “vacuna muerta”.

La idea de los virus patógenos está completamente desfasada. Y lo mismo sucede con la vacunación. El calificativo de “vivas” o “muertas” que se aplica a las vacunas no solo conduce a engaño sino que es erróneo, como todo el modelo conceptual.

Die Wurzel: Y por otra parte sabemos que un virus de “vacuna viva” de este tipo no puede darse en la naturaleza y, por lo tanto, no se puede comparar con un patógeno salvaje, ¿verdad?

 

Domesticación de patógenos salvajes

 

Stefan Lanka: El concepto de virus de tipo salvaje no se refiere a un virus especialmente peligroso sino que se considera que ha emergido recientemente en la naturaleza y que, para poder ser utilizado posteriormente en una vacuna, tiene que ser domesticado a través del “cultivo” en el laboratorio (pura ciencia ficción). En referencia a esto también debe mencionarse el artículo particularmente divertido y a la vez profundo de Jochen Schamal “Pequeños clientes-vampiro” en la revista WissenschafftPlus 2/2020. 

 

Vacunas potencialmente mortales cuyo riesgo se minimiza

 

Die Wurzel: Para cualquier persona mínimamente informada es evidente que la composición de las vacunas es algo espantoso. Lo que mucha gente no sabe es que, si a los niños se le inyecta por error una de estas vacunas en una vena en lugar de en un músculo, les puede ocasionar la muerte. ¿Cómo es posible que las autoridades estatales digan que las vacunas son seguras e inofensivas, cuando son las propias autoridades quienes supuestamente las “prueban” y las aprueban?  

Stefan Lanka: El truco que utilizan para eludir la responsabilidad es muy sencillo. Los múltiples componentes tóxicos contenidos en las vacunas se definen como “sustancias auxiliares” (o adyuvantes) de la auténtica sustancia médica (las supuestas proteínas víricas). Gracias a esta definición (que solo puede calificarse de infundada), estos potentes venenos no están sujetos a la estricta ley farmacéutica.

 

Las vacunas sin adyuvantes no producen ningún efecto 

 

Para ver el grado de inconsistencia de la teoría que sustenta la supuesta protección que confieren las vacunas, solo hay que recordar lo que se afirma en los libros de texto: que las vacunas sin sustancias auxiliares no producen ningún efecto.

Die Wurzel: En toda la literatura “científica” no aparece ningún virus patógeno real y completo. ¿Cómo debería ser un virus real y completo? ¿Qué características debería tener para actuar como un virus asesino? ¿Sería algo más en la línea de las bacterias del género  borrelia, que buscan conscientemente un anfitrión?

Stefan Lanka: Cualquier persona con conocimientos de biología encontraría inconcebible idear un virus y menos aún un virus asesino. El modelo que los virólogos emplean para el estudio de los supuestos virus es el de los fagos (también llamados bacteriófagos), pero estos no son más que miniesporas con su propio sistema de abastecimiento de energía que hacen algo de manera activa. 

La idea de los virólogos de una cadena genética (envuelta o no envuelta) causante de enfermedades se basa en un modelo absurdo y peligroso de la biología y de la vida. Esta idea fue postulada por Rudolf Virchow17 en 1858, en un acto de desesperación, entre otras cosas para reducir una deuda enorme que había contraído y complacer a sus mecenas y mentores.

Quiero también poner de manifiesto (para mí es muy importante) que todas las afirmaciones que se han hecho sobre la existencia de bacterias patógenas son falsas y peligrosas. Un conocido mío, sin decirme nada, acudió a un gurú de la escena alternativa que le diagnosticó borrelia. El resultado fue que el miedo y los antibióticos de amplio espectro le llevaron al borde de la muerte. Antes de que se inventara la idea de los virus, los malvados universales eran las bacterias.

 

El consenso sobre el coronavirus se alcanzó con unos pocos clics de ratón

 

Die Wurzel: El proceso para llegar a un consenso sobre qué formaba parte y qué no del virus del sarampión duró décadas. ¿Cómo puede ser que con el SARS-CoV-2, el supuesto nuevo coronavirus, este proceso de construcción de consenso solo requiriera unos pocos clics de ratón? ¿En qué base científica se sustenta?

Stefan Lanka: El profesor Christian Drosten del Hospital Charité de Berlín revolucionó la bioinformática en virología sustituyendo por completo el trabajo de laboratorio. En 2003, durante el pánico del SARS (en cuya creación participó de manera significativa) y solo dos días después de que se anunciara la reconstrucción de la cadena genética del supuesto nuevo virus del SARS, comunicó que había desarrollado un test de detección del nuevo virus. También estuvo involucrado de manera importante en el pánico de la gripe porcina y del ZIKA18 y siempre ha sido el más rápido. ¡Se mueve más rápido que su sombra!

 

Drosten, más rápido que la autoridad epidemiológica china

 

Antes de que los virólogos del CCDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China, la autoridad epidemiológica china) se pusieran de acuerdo respecto a la composición de la cadena genética del “supuesto” virus, Christian Drosten ya había desarrollado su test y el 17 de enero de 2020 lo puso a disposición de la OMS. Con unos pocos clics en el ratón de su ordenador, Drosten globalizó el pánico (hasta ese momento aún local) que había desencadenado un oftalmólogo de Wuhan. Véase mi artículo “Virus: Un Error de Interpretación – Parte II. Principio y fin de la crisis del coronavirus“. El artículo original en alemán también puede descargarse de manera gratuita en nuestra web wissenschafftplus.de. 

 

A los bioinformáticos no les importa la fuente de la secuencia genética

 

Tiempo atrás, para la construcción teórica de las cadenas genéticas de los virus de la gripe, se inoculaba material “infectado” en embriones de pollo y, a partir de las secuencias cortas de ácido nucleico extraídas de los tejidos en proceso de morir, en un procedimiento manual laborioso se creaba el modelo de la cadena genética. Hoy en día, esto se hace mediante programas informáticos que procesan una serie de secuencias que según los virólogos son de origen viral. Los bioinformáticos no se preguntan de dónde provienen estas secuencias, se limitan a crear los genomas de virus ficticios mediante una técnica que se denomina “alineamiento de secuencias”. Dicho sea de paso, en su libro “El fuego de Heráclito” (1976), Erwin Chargaff ya advirtió que esto podría suceder.

Die Wurzel: Ahora, en el “desarrollo” del coronavirus, entra nuevamente en juego la construcción conceptual de la “cadena genética viral”.

Stefan Lanka: La primera construcción del genoma del coronavirus (SARS-CoV-2) se hizo a partir de la muestra de un paciente obtenida con la técnica de lavado broncoalveolar (pulmonar). De esta muestra se extrajeron fragmentos cortos de material genético y se identificaron sus secuencias genéticas. Los datos de estas secuencias se procesaron con varios programas bioinformáticos y como resultado se obtuvo la primera propuesta de cadena genética completa del nuevo virus. El mismo proceso se repitió con muestras pulmonares de otras tres personas. De esta manera, la propuesta de secuencia genética completa se confirmó y se elevó a la categoría de modelo general. 

 

Un modelo de virus sin fundamento con secuencias genéticas artificiales

 

El método aceptado para demostrar la existencia real de un nuevo “virus” es hacer un “cultivo” del mismo en el laboratorio. En el cultivo, al que se agrega un poco de material “infectado”, los tejidos mueren por inanición y envenenamiento involuntarios. Pero la interpretación que se hace es que el tejido muere porque el virus ha sido inoculado y se está replicando.

Nadie se pregunta por qué, a diferencia de lo que sucede con los fagos, estos miles de millones de virus no se pueden ver ni aislar, ni tampoco se consigue extraer su cadena genética completa intacta. Por eso se tiene que hacer este proceso de “reconstrucción” del supuesto “genoma” completo del virus a partir de las secuencias los fragmentos cortos de material genético disponibles. Pero en este proceso de reconstrucción del genoma quedan grandes espacios vacíos o huecos que se completan creando secuencias genéticas artificiales. Este es un autoengaño dentro del autoengaño “virológico”.

Die Wurzel: ¿Por qué dicen los científicos chinos que el coronavirus (SARS-CoV-2) proviene de serpientes venenosas?

 

Las secuencias genéticas del coronavirus se encuentran en todos los seres vivos

 

Stefan Lanka: Afirman esto porque determinadas secuencias genéticas del modelo del coronavirus también se han encontrado en serpientes. Sin embargo, ocultan que estas mismas secuencias (a partir de las cuales se han construido de manera artificial y teórica los genomas del coronavirus y del resto de virus) se dan en todos los seres vivos. Esto explica por qué las papayas dan “positivo” al test. Este es un mensaje importante en relación con el coronavirus: ¡Todo y todos pueden dar positivo!

Die Wurzel: ¿Y qué pasa exactamente con los test de detección de virus?

Stefan Lanka: Si a partir de secuencias cortas de ácido nucleico (presentes en todos los organismos) se construye algo más largo que no existe en la naturaleza, está claro que en los llamados procedimientos de detección genética de virus (test PCR), que solo demuestran la presencia de las secuencias cortas, todo y todos, incluido un árbol, pueden dar “positivo”. ¡Esto que se está haciendo no tiene otro nombre que ciencia ficción! ¡Y es peligroso!

Las secuencias cortas de ácido nucleico se encuentran en todos los organismos, incluso en los árboles y las papayas. De hecho, estas secuencias cortas19 están en todas partes. Pero, por definición, un genoma viral (es decir, un virus) es más largo y se compone de varios “genes”. La primera vez que se construyó un genoma viral humano, los virólogos se basaron en el genoma de los fagos. Un “virus” necesita varios genes para producir las supuestas proteínas y enzimas de su cápside o envoltura. 

El método PCR sólo detecta trozos pequeños de ADN, pero (aún asumiendo la existencia de los virus) con la PCR no se puede determinar si lo que se ha encontrado son sólo fragmentos de virus (después de haber sido destruido por las defensas del “sistema inmunológico”), virus defectuosos o virus inofensivos. Ni tampoco si la cantidad de virus es demasiado pequeña para producir efectos letales. De todos modos, como que no hay virus sino solo un modelo, todo se derrumba por si solo.

 

¿Suero fetal humano para el desarrollo de vacunas?

 

Die Wurzel: He leído que las vacunas pueden contener suero de fetos humanos abortados.

Stefan Lanka: Lo que en realidad se hace es obtener tejidos y sueros (sangre sin glóbulos) de fetos humanos para utilizarlos en ensayos de infección. Probablemente un determinado segmento de mercado, adinerado y completamente estúpido, pedirá vacunas y también otro tipo de medicamentos con estos tejidos y sueros (y los obtendrá de acuerdo con el lema “you get what you pay for”).

 

Suero fetal de animales en las vacunas

 

En cambio, todas las vacunas masivas se producen con la ayuda de sueros fetales bovinos y sobre todo con tejidos renales de monos o tejidos de otros animales.

Die Wurzel: ¿Puede ocasionar algún tipo de reacción el suero fetal animal utilizado en las vacunas?

Stefan Lanka: Según mi conocimiento actual, una sustancia solo puede producir una alergia o una enfermedad autoinmune si el acto de vacunación desencadena un “conflicto biológico”, es decir, si la persona lo percibe como una amenaza existencial y no puede resolverlo rápidamente. Recomiendo mi artículo sobre los efectos adversos de las vacunas y la aparición del autismo publicado en WiPlus 3/2016.

 

Vacunas y virus cultivados en el laboratorio

 

Die Wurzel: Me estoy dando cada vez más cuenta de que los “virus” y las vacunas son prácticamente lo mismo. Ambos se crean en el laboratorio, ¿no?

Stefan Lanka: Sí, pero hay que hacer un par de aclaraciones importantes: (a) los “virus” son una quimera y (b) los restos del tejido que muere en el tubo de ensayo no son “virus” sino tejido en descomposición.

Por cierto, en el laboratorio solo se puede evitar la muerte y la descomposición de los tejidos durante unos días y para conseguirlo hay que emplear suero fetal. No es posible hacerlo con suero de humanos y animales adultos.

Aclaración:

 Cuando se extraen órganos de un organismo, éstos mueren y se descomponen de manera rápida aunque se mantengan refrigerados. Y cuando en el laboratorio se extraen tejidos de órganos para estudiar la “vida” o para “aislar”, multiplicar o “cultivar” virus, estos tejidos mueren y se descomponen aún más rápido. 

 

Tejido disgregado a la fuerza = cultivos celulares

 

Para (supuestamente) trabajar con células en el laboratorio, los tejidos que se han extraído previamente de los órganos (por ejemplo, de un feto) se disgregan por métodos mecánicos y bioquímicos (con enzimas digestivas). El resultado recibe el nombre de “cultivo celular” y se asume que son un conjunto de células con las que ya se puede trabajar. Pero estas “células” tienden a fusionarse nuevamente en tejido y hay que tomar medidas para evitarlo. Sin las muchas sustancias del tejido fetal, pero especialmente sin la alta concentración de “agua Pi”20 del mismo, los tejidos del tubo de ensayo y también los aislados morirían aún más rápido.

A continuación, y a modo de preparación del subsiguiente “experimento de infección”, se retira el suero fetal de las “células” del tubo de ensayo. Como resultado, estas unidades de tejido intentan unirse incluso más rápido de lo habitual, pero mueren en el proceso de “confluencia”.

 

El supuesto cultivo del virus

 

Esta confluencia se denomina formación de células gigantes y también “efecto citopático”. Y este resultado, consecuencia de toda esta serie de pasos absurdos en los que se emplea la fuerza, se interpreta como evidencia de la “presencia, el aislamiento, la reproducción, etc. del presunto virus”. Cuando se produce el efecto citopático se considera que el cultivo del virus ha sido un éxito.

Para satisfacer la creciente demanda de suero fetal21, cada año se abren sin anestesia 2 millones de vacas preñadas, se abren los fetos (también sin anestesia) y se extrae sangre fetal de sus corazones latientes. Si le quitara el feto a la madre se obtendría mucho menos suero. Si se anestesiara a la madre y/o al feto, los narcóticos descompondrían el suero fetal rápidamente porque no se pueden separar del suero.

El suero fetal se obtiene a partir de este tipo de sangre. Y por supuesto, como en tantos otros ámbitos, en este caso también se adulteran las cosas para optimizar los beneficios. Para ahorrar dinero, los técnicos de laboratorio compran suero barato que todos saben que está aún más contaminado que el suero caro.

Estos sueros fetales son imprescindibles en el proceso de producción de vacunas. Y como consecuencia de esto, determinados componentes de estos sueros (que no pueden estar esterilizados) acaban siendo implantados en los humanos en forma de vacunas.

Resulta sorprendente que, en la escena vegana o de alimentación crudista, a este hecho de sobra conocido no se le conceda la importancia que tiene. Los veganos y los crudistas rechazan las vacunas, la obtención de sueros fetales y los experimentos de cultivo celular.

 

Los procesos de descomposición como base biológica/médica

 

Estamos por lo tanto en una situación en la que los procesos de muerte y descomposición que tienen lugar en los tubos de ensayo se malinterpretan como modelos de vida. Esto no se da solamente en la producción de vacunas, sino en toda la biología y la medicina. Este es sólo uno de los varios motivos por los que los biólogos y los médicos del actual sistema basado en la patología celular, en preponderancia desde 1858, no están en posición de hacer declaraciones sensatas y útiles sobre la vida, la salud, la enfermedad y los procesos de curación.

Die Wurzel: En 1951/52 la virología se había refutado por completo y se había rendido. ¿Por qué razón?

 

La virología refutada por duplicado

 

Stefan Lanka: Por dos motivos. En primer lugar, porque se realizaron pruebas de control que demostraron que las micropartículas que antes se interpretaban como virus (proteínas supuestamente peligrosas, como hoy aún se afirma de algunas bacterias) también se liberan en el proceso de descomposición de organismos sanos o de sus órganos. 

En segundo lugar, porque se descubrió que las proteínas no pueden multiplicarse por sí mismas. Antes de 1952, una hipótesis fundamental de la virología era que la peligrosa proteína viral (= virus o veneno causante de enfermedad) podía reproducirse por sí misma. Pero en 1952 se descubrió que el responsable de la síntesis de las proteínas es el ácido nucleico. A partir de entonces, entre los químicos jóvenes se instauró el convencimiento de que los virus eran trozos de material genético peligroso. Estos químicos no tenían ni idea de biología ni de medicina, ni sabían que la virología médica se hubiera abandonado.

Esta interpretación errónea, que continúa considerándose correcta en la actualidad, es la causa de la crisis del coronavirus. Los virólogos de hoy simplemente no se sorprenden de que no puedan encontrar virus o cadenas genéticas virales. Tampoco les sorprende que los genomas (las cadenas genéticas completas) de los virus se construyan de manera artificial y teórica a partir de fragmentos cortos de material genético y que luego se presenten como algo real.

 

Poner fin a la crisis del coronavirus de manera democrática

 

En ningún otro ámbito de la biología y la medicina puede verse de una manera tan clara (como en la virología) que un constructo mental se presente como un hecho real. Cuando la mayoría de la población entienda esto, la crisis del coronavirus terminará de una manera completamente democrática. Así que: ¡difunda esta entrevista tanto como pueda!

Die Wurzel: Hay muchos más temas que tratar, entre otros, el modelo conceptual de las bacterias y los bacteriófagos. En tu artículo “Virus: Un Error de Interpretación” abordas este y otros temas en detalle. Esta entrevista de hoy es solo un pequeño extracto del mismo. Por eso recomiendo a todos los lectores este artículo o el número completo de la revista Wissenschafftplus 1/2020 en la que aparece.

Si le interesa mantenerse al día de lo que vaya sucediendo en la ciencia en general, en la cuestión de los virus, etc., siga las ediciones de la revista W+Magazin. Lo mejor que puede hacer es suscribirse a la revista que tiene una periodicidad trimestral. Gracias por concederme esta entrevista querido Stefan. ¡Que todos podamos colaborar y consigamos muchos logros para el colectivo!

  1. N. del T.: Véase la sucesión de acontecimientos, juicios y sentencias en https://www.dsalud.com/reportaje/la-existencia-del-virus-del-sarampion-nunca-se-ha-demostrado/

  2. Fragmentos de genes de virus = trozos de virus.

  3. Teoría de la patología celular del año 1858.

  4.  N. del T.: La “vieja” virología creía hasta 1951 que los virus eran una proteína tóxica. Tras 1952 se descartó esta idea y se sustituyó por la del virus como elemento genético.

  5. Yo descubrí, aislé y caractericé una de estas estructuras. Günter Enderlain había predicho su existencia.

  6. N. del T.: El autor hace referencia a los llamados “virus gigantes” https://es.wikipedia.org/wiki/Nucleocytoviricota

  7. Bacteriófagos

  8. ADN o ARN = La biomolécula principal de los cromosomas en la que hay plantillas informativas aproximadas (que antes se llamaban genes) para la síntesis de aproximadamente el 10% de nuestras proteínas.

  9. N. del T.: Utiliza el término “Wirrologen” una palabra inventada cuyo significado es “los virólogos equivocados”. En español podría ser algo parecido “los vi-error-ólogos”.

  10. Independientemente del tipo de muestra, ya sea frotis, sangre, moco, semen, material de biopsia, etc.

  11. También hay órganos en los que se concentran funciones que en otros organismos “más simples” se llevan a cabo en diferentes tejidos o células. En estos órganos hay una gran diversidad de mecanismos de reciclaje intracorporal o intraorgánico.

  12. N. del T.: Del alemán Infektionsversuchen. Cultivos celulares en los que se inoculan los supuestos virus para constatar su efecto citopatológico.

  13. Fragmentos de ADN/ARN

  14. Prefiero llamarla punto de vista diferente o simplemente biología. Personalmente me siento comprometido a participar en la difusión de este nuevo enfoque en el que la salud es el resultado de la armonía con uno mismo y con el entorno.

  15.  N. del T.: El Dr. Lanka hace referencia a la “Nueva Medicina Germánica” y las 5 Leyes Biológicas descubiertas por el Dr. Hamer.

  16. A parte de su actividad profesional como terapeuta, es también profesora de medicina china.

  17. Véase el artículo “Virchow – Un estratega del poder” en WiPlus 5/2015.

  18. La afirmación de la existencia del virus ZIKA se remonta a 1947 cuando los virus se definían de una manera diferente a como se hizo después de 1952. Su nombre proviene del bosque Zika, situado cerca de Entebbe (Uganda), donde se torturó a monos para hacer “ensayos de infección”.

  19. Las secuencias de longitud menor que 22 nucleótidos (bloques básicos de construcción del ADN/ARN) se encuentran en todos los mamíferos, no son específicas de los virus y, no obstante, se utilizan en la construcción de los “genomas virales”.

  20. Sustancia original de la que estamos hechos: véase mi artículo “El agua pi”, y el artículo de Michael Delias en la revista Die Wurzel 04/2019. 

  21. Ya existen empresas que se dedican a la producción de “carne” cultivada en laboratorio para el consumo, carne que no proviene de animales.

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