Virólogos estafadores

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Traducción oficial realizada por Eduardo Villena

Los iniciadores de la crisis del Coronavirus han sido claramente identificados: los VIRÓLOGOS, que afirman que existen virus que causan enfermedades, están cometiendo fraude científico y deben ser procesados

 

Descripción general

 

La ciencia y el método científico son herramientas importantes que ayudan a identificar y resolver desafíos. La ciencia tiene una regla muy obvia: quien haga afirmaciones debe probarlas de manera clara, inteligible y verificable. Sólo las declaraciones que sean verificables podrían llamarse científicas, todo lo demás caerá dentro del ámbito de las creencias. Las creencias no deben presentarse como hechos, probados científicamente, para derivar o justificar medidas gubernamentales.

Para poder llamarlos enunciados científicos, deben haberse intentado refutar o falsar. El primer deber exigido a cada científico es, con rigor, comprobar sus propias afirmaciones y tratar de refutarlas. Si la refutación no tiene éxito y, a su vez, el fracaso de esta refutación con sus experimentos de control está documentado de forma correcta; esa declaración puede entonces llamarse “científica”.

Todas las medidas a causa del Coronavirus, emitidas por gobiernos y autoridades, en última instancia, están reguladas por la ley; en Alemania rige la Ley de Protección contra Infecciones (IfSG). La ley les da la apariencia de legitimidad, pero no las justifica. Concretamente, en la § 1ª de la ifSG, el marco legal está destinado a someter a la población a las reglas de la ciencia. La regla más importante de la ciencia es [intentar] refutar la afirmación que se haya presentado como científica y veraz, y documentar los intentos fallidos. Todas las reglas científicas requieren el cumplimiento de las leyes del pensamiento, de la lógica. Si se ignoran o se violan estas reglas, la declaración científica se dará por refutada, igual que con un experimento de control que muestre que la declaración fuera incorrecta.

El sentido y la elección de palabras, en todas las publicaciones sobre cualquier virus patógeno, ha demostrado que los virólogos no sólo han violado las leyes del pensamiento lógico y las reglas vinculantes de la ciencia, sino que han refutado las afirmaciones acerca de que existan los virus que provocan enfermedad. Quitándose las lentes hipnóticas del miedo, cualquier persona interesada, capaz de entender el inglés y que haya adquirido una comprensión de los métodos utilizados, si leyera objetivamente lo que han escrito los autores, descubriría que los virólogos (excepto los que estudian los fagos y los llamados “virus gigantes” -similares a los fagos-) han malinterpretado secuencias genéticas normales como si fuesen “componentes de virus” y, al hacerlo, han refutado toda su área de especialización. Esto es particularmente fácil de reconocer en el caso de las afirmaciones sobre la existencia del presunto virus SARS-CoV-2.

Dado que estos virólogos, sin duda, con sus declaraciones y acciones, han violado las leyes del pensamiento, la lógica, y las reglas del trabajo en la ciencia; en lenguaje común podemos llamarlos “defraudadores científicos”; de manera coloquial, porque el fraude científico no infringe, todavía, ninguna ley en el derecho penal de la ley alemana, y no hay precedentes. Sin embargo, propongo que el fraude científico se establezca en los tribunales y en la legislación; y estoy trabajando en ello, para así detener el fraude de los virólogos -que pretenden ser científicos, pero actúan y argumentan de forma anticientífica-. De momento, pedimos a las agencias del gobierno responsables que los procesen por “fraude laboral”, para así evitar que realicen sus actividades anticientíficas, antisociales y peligrosas para la población. Tan pronto como un primer tribunal de justicia establezca los hechos, descritos en este artículo, y condene al primer virólogo por fraude laboral, vendrá el fin de la crisis global del Coronavirus; una oportunidad judicialmente sellada para todos.

 

Introducción

 

La humanidad se enfrenta a un gran desafío: el círculo vicioso (en el que el miedo es causa y consecuencia de una mentalidad anti-vida que, a su vez, es causa y consecuencia del miedo) creado por la biología enseñada y la medicina aplicada, perturba y destruye el medio ambiente, a las plantas, a los animales, a las personas y la economía. La crisis del Coronavirus es sólo la punta visible de un iceberg, en camino de colisionar contra todo y contra todos. Una de las razones de este desafío es el materialismo, el intento de explicar la vida con modelos puramente materiales. Nuestro materialismo actual es el producto de la antigüedad “postsocrática”, una contrarreacción explícita al miedo y al abuso de poder por parte de las religiones. Ésta fue una reacción comprensible, muy humana, motivada por un principio humanitario, pero con drásticas consecuencias. En biología, la filosofía materialista ha traído consigo, en la medicina de occidente, la disyunción entre el bien y el mal, en la que se basa la “opinión predominante”, con el resultado de los enfoques de tratamiento antivida (antibióticos, radiaciones, quimioterapia, desinfección, restricción de los derechos básicos, vacunas, encierro, cuarentena, distanciamiento social y demás). Esta ideología perjudica a un número cada vez mayor de personas, al medio ambiente y a la economía. Esta teoría materialista acerca de lo benigno y lo maligno, sin base fáctica al fundarse en suposiciones rebatidas, se desarrolló silenciosamente hasta convertirse en la religión más poderosa.

La teoría materialista de la vida establece que en los seres vivos solo hay átomos: no hay conciencia, ni fuerzas espirituales ni ningún alma que pudiera haberlos creado y puesto en movimiento. Para poder explicar el cosmos y la vida, basándose completamente en el materialismo, nuestra “ciencia” se ha visto obligada a postular una gran explosión [el big bang], durante la que, supuestamente, todos los átomos se tendrían que haber creado [en un punto] de la nada y, más tarde, separado. Suponen que algunos de estos átomos formarían las demás moléculas al chocar accidentalmente entre sí. Y suponen que estas moléculas debieron generar una célula primitiva, a partir de la que alegan que, a través de la selección natural y la competencia, se ha tenido que haber desarrollado toda la vida posterior. Dicen: “Como todo esto sucedió en un pasado lejano, tomando períodos de tiempo inimaginables, esto no podría someterse a examen científico”. Esta narrativa no puede llamarse científica.

Dejando de lado la física teórica con sus teorías cuánticas, que desarrolla esta idea mediante una inversión de capital cada vez más grande en lo cada vez más pequeño; para tener una visión más clara de la vida, accesible a través de experimentos sencillos, me gustaría señalar la sustancia misma con la que la vida se crea: la membrana del agua, la llamada “membrana de tensión superficial”, formada por el agua en contacto con otras sustancias o en los remolinos [(1)]. Aristóteles llamó a esta sustancia “éter” y, más tarde, el Dr. Peter Augustin la redescubrió y la llamó “sustancia primaria”. Los fisiólogos vegetales japoneses se refirieron a esta sustancia como “agua-Pi [del griego pi, ‘periferia’]”. Este redescubrimiento del éter o sustancia primordial permite que se reviva, volviéndolo imaginable y concebible, el principio presocrático “como en el más grande, así en el más pequeño”. Pensar en la teoría atómica impide, o hace más difícil, este tipo de concepciones del mundo en la imaginación y genera suposiciones falsas, si es que no se conocen otras formas de pensar o éstas se desprecian. Todo el mundo conceptual académico de la biología y la medicina está basado en esta idea tan errónea.

En 1848, las posibilidades constructivas inspiradas por la Revolución Francesa tuvieron la oportunidad de influir también en Alemania; pero los intentos de cambio radical fracasaron, provocando un dramático endurecimiento y deterioro de la vida política y social. Mientras que, en 1848, la persona responsable del desarrollo al que han llegado la biología y la medicina hoy en día, propugnaba medidas humanas, lógicas y correctas para la “prevención de epidemias”; en el transcurso de los diez años siguientes, su pensamiento se adaptó a condiciones políticas cada vez más extremas y duras. Estamos hablando de Rudolf Virchow, quien, sin ninguna base científica y, basándose completamente en la teoría atómica de Demócrito y Epicuro, en 1858, postuló la teoría celular de la vida y de todas las enfermedades, es decir, la “patología celular”.

Durante su existencia, Rudolf Virchow suprimió “hechos relevantes”, de embriología e histología de tejidos, para poder presentar y popularizar su nueva teoría celular como factual. Estos conocimientos de embriología y teoría de los tejidos, la teoría germinal de la vida, son un requisito previo indispensable para comprender lo que vive, su desarrollo y, sobre todo, las enfermedades, por qué se curan, las crisis curativas y los obstáculos para la curación.

Igual que en la teoría atómica, Rudolf Virchow afirmó que toda la vida tuvo que haberse originado a partir de una misma célula. Alegó que la célula era la unidad de vida más pequeña e indivisible y, también, especuló que ésta podría generar todas las enfermedades a través de la producción de toxinas que provoquen enfermedad, del latín virus, [“veneno”]. Esto sentó las bases a partir de las cuales, no hay duda, deberían ser desarrolladas las teorías sobre los genes, infecciones, inmunidad y cáncer; si esta teoría pudiere explicar los procesos de la vida, la enfermedad y la curación. Si se creyese que todos estos procesos fueran causados por interacciones del cuerpo físico, únicamente, y que toda la vida hubiera surgido de una sola célula, quien compartiese este punto de vista se tendría que ver obligado a defender un diseño estructural y funcional de la vida, es decir, un material hereditario, y reclamarlo como un hecho.

La misma lógica forzada surge para las hipotéticas toxinas que producen enfermedad. Suponiendo que la célula produjese virus (venenos que causen enfermedades), y los propagase dentro y fuera del cuerpo, debería ser atribuido un lugar dentro del individuo donde, por primera vez, hubiera surgido tal virus. Una vez que esta forma de pensar es elevada a dogma, hasta rechazar cualquier otra enseñanza, y se difaman otros puntos de vista como anticientíficos o conspirativos contra el Estado, desde el principio, se excluyen otras formas de pensar y considerar el origen de las enfermedades individuales y de grupo. Esta lógica forzada sólo busca causas en defectos materiales o malignidad material. Se oculta la idea de que “los virus como venenos que producen patologías”, de hecho, elegante y científicamente, ya había sido refutada y abandonada en 1951, lo que significó que en 1952 hubo que inventar otra idea: “los virus como colección de genes peligrosos”. Sin embargo, todavía no hay pruebas científicas sólidas para suponer que dichas colecciones de genes puedan llamarse virus. La buena noticia es que la virología genética, que tuvo su auge a partir de 1954, con sus propias declaraciones, se ha autorrefutado de una manera realmente científica (es decir, fácil de entender y comprobar). Esta afirmación es 100% correcta, está verificada, y la apoyaré como virólogo, científico, ciudadano y ser humano.

 

La transición de la virología de toxinas a la virología genética de hoy

 

La idea de las toxinas que producen enfermedades todavía es bastante poderosa; ya que aún afirman que existen peligrosos venenos de proteínas bacterianas en el cuerpo; y también bacterias peligrosas, como la bacteria helicoidal que dicen que, supuestamente, se abre camino desde un presunto punto de entrada a través de los nervios hasta el cerebro. Lo que los virólogos, profesionales médicos y periodistas científicos no mencionan es que, en 1951, la teoría de los virus como toxinas proteicas tuvo que ser abandonada. Ese año, se llevaron a cabo dos experimentos de control para probar la teoría del virus como toxina y, entonces, confirmarla como cierta:

 

  1. En lugar de sólo exponer, a la putrefacción, tejidos presuntamente dañados por virus, también expusieron tejidos sanos. Encontraron que las proteínas producidas por la descomposición del tejido sano eran las mismas que las producidas por la descomposición del tejido “dañado por virus”. Esto refutó la suposición del virus.
  2. La suposición del virus como proteína tóxica también fue refutada, ya que no lograron encontrar ni fotografiar, con el microscopio electrónico, ni en personas ni en animales, ni en sus fluidos “infectados por virus”, nada diferente a lo que se encontraba en las personas sanas. En el momento presente, éste todavía es el caso.

 

La virología clínica, es decir, médica, se refutó a sí misma con estos experimentos de control exitosos, y se rindió con palabras de pesar, que sólo fueron notadas por lectores atentos de revistas especializadas. Este hecho fue suprimido por los medios de comunicación, mientras los manipuladores del poder celebraban las campañas de vacunación en curso. Las campañas de vacunación no se detuvieron, a pesar de que los virus patógenos como justificación ya no eran válidos -esto fue consecuencia, también, del silencio de las autoridades sanitarias y de la comunidad “científica”-. Después del abandono de la virología, la biología y la medicina no pudieron encontrar ninguna otra explicación a lo que se había definido, dentro de la puramente materialista teoría celular, como brotes virales (fenómenos de incidencia de enfermedades simultáneas o un incremento de las mismas).

Por lo tanto, los involucrados tuvieron que idear una nueva teoría sobre la naturaleza de los virus. Se basaron en entidades reales llamadas “fagos”, formadas por bacterias extraídas de su ambiente e inhibidas de su intercambio vital con otras bacterias y microbios. Cuando era un joven estudiante, tuve la suerte de aislar una entidad parecida del océano y estudiar su estructura, composición e interacción con el medio ambiente. Como creí, con ingenuidad, que había descubierto un virus inofensivo y una relación estable entre ese virus y su anfitrión, empecé a estudiar en el campus de la Virología el origen de los virus. Treinta años después, siguen descubriéndose nuevos ejemplos de estos entes (ahora denominados “virus gigantes”) y, también, se ha demostrado, con claridad, que estas entidades se encuentran en el inicio de los procesos con los que comienza, o nos es visible, la vida biológica. Algunos investigadores consideran que estas entidades forman parte del cuarto reino de la vida, junto con las bacterias primordiales, las bacterias y los eucariotas.

Estas entidades, a las que se hace referencia erróneamente como “fagos” [o “bacteriófagos”] (significa “devoradores de bacterias”) y “virus gigantes”, pueden ser descritas como un tipo de espora que las bacterias, y los organismos simples, forman cuando sus condiciones de vida se vuelven precarias, tanto que ya no podrían reproducirse o sobrevivir de forma óptima. Cada tipo de estas útiles entidades siempre consta de una hebra, del llamado “ADN de material genético”, exactamente, con la misma longitud y composición. Este tipo de ADN siempre está envuelto en una membrana del material denso [sustancia primaria (1)] del que emerge la vida biológica. Es por eso que los “fagos” o “virus gigantes” -mejor llamémoslos “biontes”- son fáciles de aislar; es decir, concentrar y separar del resto de componentes vivos. Una vez aislados, son analizados bioquímicamente de manera habitual. Cada caracterización bioquímica revela que el ácido nucleico de un tipo de “fago” o de un “virus gigante” siempre tiene, justo, la misma longitud y composición.

De hecho, durante décadas, los fagos han sido la única fuente de ácido nucleico puro (ADN) en los estudios bioquímicos. El proceso de absorción y liberación de ADN, por parte de las bacterias, documentado bajo el microscopio electrónico, fue interpretado como si fuese una “infección”. Sin haberlo comprobado, afirmaron que los fagos atacan a las bacterias, las violan, les imponen su ácido nucleico y que, como resultado, las bacterias mueren. En realidad, la situación es completamente distinta, ya que sólo las bacterias que sean extremadamente endogámicas, es decir, que se reproduzcan constantemente sin contacto con otras bacterias o microbios, se transformarán en fagos en un acto de metamorfosis. Esta transformación es malinterpretada como la muerte de las bacterias causada por los bacteriófagos. Por otra parte, las bacterias recién aisladas de su entorno nunca se transforman en fagos, ni mueren aunque se les añada la cantidad que sea de estos. Ésta es también la razón por la que la terapia con “fagos” -a menudo, citada como “sustituto de los antibióticos” para suprimir el dolor y otros síntomas, como si fueran los de un envenenamiento- nunca funcionará en el sentido y alcance pretendidos.

 

Biología de fagos y virus gigantes, y la refutación de la teoría celular de la vida como resultado

 

En el caso del alga (Ectocarpus siliculosus) de la que aislé sus “virus gigantes”, la situación es la que sigue: sus partes móviles, los gametos y las esporas, buscan los “virus gigantes” en su entorno con sus flagelos flexibles y los absorben. Las algas en crecimiento integran el ácido nucleico de los “virus gigantes” en sus propios cromosomas. Se ha observado que a las algas que contienen los “virus gigantes” les va mejor que a las que no los contienen. Nunca se ha observado que las algas con “virus gigantes” estén en peores condiciones que las que no los tienen. Con frecuencia, se encuentran nuevos y, cada vez, más notables “virus gigantes” con propiedades cada vez más asombrosas; y también se encuentran más pruebas de que los microbios (bacterias, amebas y demás organismos de una sola célula) surgen de los “virus gigantes”, en los que se reconvierten cuando sus condiciones de vida se vuelven precarias.

Está claro que los “virus gigantes” surgen alrededor de los ácidos nucleicos, debido a que estos ácidos desarrollan actividad catalítica que libera energía de forma independiente y sintetiza más ácidos nucleicos, otras sustancias y moléculas, generando constantemente nuevas propiedades y capacidades. Las formas de ácido nucleico altamente reactivas y diversas de ARN, que pueden cambiar fácil y constantemente a ADN y viceversa, también surgen en el proceso de autoorganización de la vida, sin ninguna razón o causa científicamente comprensible (ver “hipótesis del mundo de ARN”). Sin duda, la vida biológica que podemos observar se materializa por medio del agua. Se están encontrando un número creciente de organismos de una sola célula, de los que gran parte de su genoma son ácidos nucleicos de “virus gigantes”. Con el descubrimiento de los “fagos” (que sólo se crean durante la transformación de cultivos bacterianos en extremo consanguíneos -incestuosos-), los “virus gigantes” (que se mantienen, agrandan y se metabolizan a sí mismos, con eficacia) y los organismos compuestos por virus gigantes, de lejos, se han demostrado tres cosas:

 

  1. La teoría celular, de que la vida biológica sólo exista en forma de células y sólo surja de las células, ha sido refutada.
  2. Ha sido refutada la afirmación de que la vida biológica surgiera en tiempos primordiales. Si miramos la vida, con objetividad, y sin restricciones por dogmas o teorías desfundamentadas, podremos ver que la vida emerge, en cada momento, una y otra vez, ante nuestros ojos. Se ha comprobado que la vida, tal como la conocemos ahora, puede surgir donde haya agua disponible y, quizá, también donde existan condiciones iguales o similares a las de nuestro planeta.
  3. Ha sido refutada la interpretación incorrecta de que la absorción de ácidos nucleicos, de “fagos” y “virus gigantes”, por otros organismos, sea una infección dañina. Esta idea, planteada a partir de 1952, fue el motivo para creer que existiesen virus genéticos en el ser humano que, al transmitir sus ácidos nucleicos “peligrosos”, produjeran enfermedades y pudieran ser responsables de la muerte y la destrucción. Hasta la fecha, no se ha observado ni aislado ningún virus en ningún ser humano, animal ni planta, ni en ninguno de sus fluidos. Por ahora, ni siquiera se ha podido aislar un ácido nucleico que corresponda a la longitud y composición de las cadenas genéticas de los presuntos virus causantes de enfermedades; a pesar de que, desde hace mucho, las técnicas estándar más básicas hayan estado disponibles para el aislamiento, presentación y análisis de la composición de ácidos nucleicos de esa longitud.

 

Un premio Nobel y sus desastrosas consecuencias

 

En forma aislada, los “fagos” y los “virus gigantes” (biontes) se pueden fotografiar en gran cuantía, fácil y rápido, utilizando el microscopio electrónico; [pero] esto sólo documenta el grado de pureza. [A pesar de ello], ¡aún no existe ninguna fotografía de las entidades proclamadas “virus que causan enfermedad”, con estas entidades correctamente aisladas y purificadas [del resto de entidades y componentes celulares] y, también, caracterizadas [bioquímicamente]! En el curso de las investigaciones científicas, los biontes (también conocidos como “fagos” y “virus gigantes”) son vistos y fotografiados, regularmente y en gran cantidad, en los organismos donde se producen o crean (¡sic!). Por contra, ¡nunca se ha podido documentar como es debido, con el microscopio electrónico, a las entidades declaradas “virus patógenos” en ningún ser humano, animal, planta, ni tampoco en sus propios fluidos como la sangre, esperma, saliva y todo eso! ¿Por qué no?

Las fotografías de microscopio electrónico de supuestos virus, tan sólo, muestran entidades que siempre pueden obtenerse también a partir de otras fuentes. Estas entidades, se puede buscar y comprobar esto en los artículos científicos, nunca han sido aisladas ni caracterizadas bioquímicamente; y nunca se han utilizado como la fuente para los fragmentos cortos de ácido nucleico con los que los virólogos construyen, SÓLO DE MODO TEÓRICO, un ácido nucleico largo que se hace pasar como la supuesta cadena genética de un virus.

Siempre se puede obtener la misma exacta longitud y composición de ácidos nucleicos de cada uno de los tipos de “fagos” y “virus gigantes”. Sin embargo, nunca, ni de una estructura orgánica ni de un fluido corporal, ha sido posible aislar un ácido nucleico (ADN o ARN) cuya longitud y composición corresponda a lo que se dice que es la hebra genética de un virus patógeno.

La secuencia de lo que sucedió, entre 1951 y el 10 de diciembre de 1954, deja claro cómo y por qué los virólogos se han perdido, por completo, en un peligroso enfoque anticientífico totalmente alejado de la realidad. Después de que la virología médica llegara a su fin al realizar los experimentos de control en 1951, a partir de 1952, los fagos de las bacterias se convirtieron en el modelo de la persistente ideología de cómo deberían de ser los “virus causantes de enfermedades”: un ácido nucleico de cierta longitud y composición, rodeado por una envoltura que conste de un cierto número de determinadas proteínas.

Pero, debido a la ausencia de imágenes de microscopio electrónico de “virus que causen enfermedades” en humanos, animales o plantas, o al no estar el “virus” aislado en ninguna de esas imágenes, de hecho, tampoco caracterizado bioquímicamente; los virólogos continúan viéndose obligados a ensamblar, de manera ficticia, en un virus teórico, componentes separados de supuesto tejido “viralmente” enfermo; para presentar ¡como virus reales!, a ellos mismos y al público, estos productos inventados.

Los virólogos que mantienen la existencia de virus causantes de enfermedades se refieren principalmente a un solo documento [Propagación en cultivos de tejidos de agentes citopatogénicos de pacientes con sarampión (2)] para justificar sus acciones y hacerlas pasar por científicas. Esto es fácil de reconocer como increíblemente poco científico. Los autores, en sus observaciones publicadas el 1 de junio de 1954, valoraron sus reflexiones explícitamente como especulaciones, contradictorias en sí mismas y que aún deberían ser comprobadas en el futuro. El 10 de diciembre de 1954, el autor principal de la investigación, John Franklin Enders, recibió el Premio Nobel por otra especulación dentro de la vieja teoría de los virus toxina (refutada en 1951), [que los virus fuesen “genes peligrosos”]. Este Premio Nobel logró dos cosas: la vieja y refutada teoría del virus-toxina recibió un halo pseudocientífico, y la nueva virología genética recibió el más alto honor, aparentemente científico. Esto aseguró que nunca se verificara la publicación sobre el sarampión antes mencionada.

La nueva virología genética, a partir de 1952, tiene dos fundamentos centrales: el primero es que los virus que causan enfermedad estén estructurados como bacteriófagos; el segundo es que surjan cuando las células mueren, en el tubo de ensayo, después de agregarles material de una muestra supuestamente infectada. En su única publicación del 1 de junio de 1954, Enders y sus colegas establecieron la idea de que las células, al morir en el tubo de ensayo después de que se les agregue material en teoría infecto, se transformen en virus. Hacen pasar esta muerte por el aislamiento del virus -ya que piensan que aquello que haya creado los cambios debe provenir del exterior- y después utilizan esta masa celular moribunda como vacuna. Enders, sus colegas y, de hecho, todos los demás -deslumbrados por el Premio Nobel- han pasado por alto que la muerte de las células en el laboratorio no es inducida por un virus, sino que se provoca su muerte, de forma sistemática e involuntaria, sin que nadie advierta que esto es lo que en realidad ocurre. Las células mueren envenenadas por los antibióticos, por inanición extrema al retirar la solución nutritiva y por agregarles productos metabólicos en descomposición, es decir, se descomponen y liberan proteínas metabólicas tóxicas.

Todavía, los componentes de esas células que mueren de esta manera en el laboratorio, virtualmente, son ensamblados para formar un virus teórico y hacerlo pasar por real. La virología de los “virus que causan enfermedades” es así de simple. Hasta el día de hoy, nunca Enders ni otros “virólogos” han realizado los experimentos de control para “infectar” las células en el laboratorio con material “estéril”. Las células mueren en el experimento de control, exactamente, de la misma manera que con el supuesto material “viral”.

 

Refutación breve, clara y fácil de entender, de todos los virus patógenos

 

Es de humanos cometer errores y autoengañarse; excusable y comprensible. Lo que no tiene excusa son las constantes afirmaciones de los virólogos, de que lo que dicen y hacen es científico; porque no lo es, sin duda, y todo el mundo podrá entender por qué y verificarlo fácilmente. En consecuencia, los virólogos que afirmen que existe el Coronavirus, u otros virus que produzcan enfermedad, deben ser acusados de estafadores y procesados, usando los medios de la ley, para que se retracten de sus declaraciones falsas, refutadas y peligrosas. Por ello, la crisis del Coronavirus y otras catástrofes “víricas” (como la del “VIH”, “ébola” y el resto de infundadas pandemias por “virus”) con consecuencias fatales, podrán ser prevenidas en el futuro; y no sólo serán detenidas, sino que también se convertirán en una oportunidad para todos.

La definición de lo que se puede llamar declaración científica y las obligaciones resultantes están establecidas de manera clara. Resumido:

  • A – Toda afirmación científica debe ser inteligible, verificable y refutable.
  • B – Un enunciado científico sólo puede ser llamado “científico” cuando no pueda ser refutado por las leyes del pensamiento, la lógica y, cuando corresponda, mediante experimentos de control.
  • C – Todo científico está obligado a comprobar y cuestionar sus propias afirmaciones.

Dado que los virólogos nunca han verificado ellos mismos sus declaraciones; son reacios a hacerlo por razones comprensibles -¿quién querría refutarse a sí mismo, sus acciones, su reputación?-; nosotros lo haremos publicando siete argumentos. Cada argumento es suficiente, por sí mismo, para refutar la existencia de todos los “virus patógenos” y el trabajo de los virólogos (excluyendo a los investigadores que se ocupan de los “fagos” y “virus gigantes” existentes). En los siguientes puntos, se utiliza la palabra “virus” en lugar de la frase “virus patógeno”.

 

1. El asunto de la alineación

Los virólogos nunca han aislado ni mostrado, directamente, con toda su longitud, una cadena hereditaria completa de un virus. SIEMPRE usan trozos muy cortos de ácidos nucleicos, determinan su sucesión de cuatro moléculas y, después, se refieren a ello como una “secuencia”. A partir de una multitud de millones de secuencias, tan específicas y cortas, los virólogos ensamblan virtualmente, con la ayuda de elaborados métodos estadísticos y computacionales, una larga hebra ficticia de material genético. A este proceso lo llaman “alineamiento” o “alineación”.

Los virólogos presentan el resultado del alineamiento complejo como si fuese el “núcleo” de un virus (una hebra genética ficticia y muy larga) y declaran haber probado su existencia. Sin embargo, tal hebra nunca aparece entera en la realidad, o literatura científica, a pesar de que, durante mucho tiempo, las técnicas estándar más elementales hayan estado disponibles para, de manera simple y directa, determinar la longitud y composición de cualquier ácido nucleico. Al utilizar el proceso de la alineación, en lugar de presentar directamente un ácido nucleico de longitud adecuada, los virólogos han refutado su propio trabajo.

 

2. La falta de experimentos de control con respecto al alineamiento

Los virólogos nunca han utilizado, para realizar y documentar el alineamiento, ácidos nucleicos igual de cortos, pero procedentes de experimentos de control. Para suceder, DEBERÍAN aislar ácidos nucleicos igual de cortos con exactamente el mismo procedimiento de cultivo celular, con la diferencia de que la llamada “infección” no sea causada por añadir muestras supuestamente “infectadas”, sino por materiales estériles o muestras esterilizadas con “infección detenida”.

Nunca se ha documentado la realización de estos experimentos de control, lógicos y obligatorios. Solo con esto, los virólogos han demostrado que sus declaraciones no tienen valor científico y NO pueden hacerse pasar por declaraciones científicas.

 

3. La alineación sólo se lleva a cabo mediante construcción teórica

Para poder ensamblar, teórica o computacionalmente, estas secuencias tan cortas de ácidos nucleicos en un genoma muy largo, los virólogos usan una plantilla para alinearlas en una cadena de genoma larga, supuestamente viral. Sin una plantilla de secuencia tan larga y predefinida, ningún virólogo sería capaz de crear, teórica ni computacionalmente, la hebra de genoma de ningún virus. Los virólogos sostienen que la hebra del genoma, construida teórica o computacionalmente, proviene de un virus, ya que la alineación se llevó a cabo mediante otra hebra del genoma viral predefinida. Esta lógica se refuta rápido y sin ambages, ya que todas las plantillas con las que se generaron, teórica o computacionalmente, nuevas hebras de material genético, también fueron creadas sólo de manera teórica, o computacional, y no provienen de ningún virus.

 

4. Nunca se ha visto ningún virus ni en un ser humano, ni en un animal ni en una planta, ni tampoco en sus fluidos

Los virólogos afirman que los virus infecciosos, es decir, intactos, se encuentran en grandes cantidades en la saliva y en la sangre. Es por eso que, por ejemplo, en la crisis del Coronavirus, se supone que todos deberían usar mascarilla. Sin embargo, a día de hoy, nunca se ha fotografiado ni un solo virus ni en la sangre, ni en la saliva ni en ningún otro lugar (ni en humanos, ni en animales ni en plantas, ni en ninguno de sus fluidos) aunque las imágenes de microscopio electrónico sean ahora una técnica fácil, habitual y rutinaria.

Este hecho, inequívoco y sencillo de verificar: que no existan registros de virus en humanos, animales, plantas ni en sus fluidos tampoco; refuta todas las afirmaciones sobre los virus. Algo que nunca se haya visto en humanos, animales ni plantas, ni en sus fluidos, no debe hacerse pasar como un hecho científicamente probado.

 

5. La composición de las entidades, que los virólogos hacen pasar por virus, nunca se ha caracterizado bioquímicamente

Hay dos técnicas distintas que utilizan los virólogos para fotografiar presuntos virus. [Una técnica es con] la microscopía electrónica de transmisión (TEM); para poder utilizarla, los cultivos celulares deben ser impregnados en resina sintética y, después, cortados en láminas tan finas que permitan ver a través de ellas. [A pesar de haber sido fotografiadas formando parte del cultivo], las partículas que se muestran en estas imágenes nunca fueron, [además], aisladas ni se determinó su composición bioquímica. Deberían haber identificado todas las proteínas y la cadena genética larga atribuida a los virus. Nunca, ni el aislamiento de dichas partículas impregnadas ni la caracterización bioquímica de sus componentes aparecen en ninguna publicación de virología. Esto refuta la tesis de que tales imágenes constituyan virus.

La otra técnica que utilizan los virólogos es la “tinción negativa”, simple y rápida, para fotografiar virus con el microscopio electrónico de reflexión (REM). Llamamos “aislar” a separar las entidades buscadas (reales, como “virus gigantes” y “fagos”) de todos los demás componentes, para ello se utiliza una técnica estándar llamada “centrifugación mediante gradiente de densidad”. [En una parte del aislado], se recubre con una sustancia metálica estas entidades; entonces, su presencia, apariencia y pureza se hace visible en el microscopio electrónico; y las entidades subyacentes se proyectan como sombras en el haz de electrones. [Con otra parte del aislado, otras de] estas mismas partículas, [antes] hechas visibles con la tinción negativa, son [ahora] caracterizadas bioquímicamente. Cuando se aíslan de esta forma “fagos” y “virus gigantes”, siempre se encuentran los ácidos nucleicos íntegros, siempre idénticos, muy largos y con la misma composición; entonces se documenta el resultado de su caracterización bioquímica.

En el caso de todas las partículas que son hechas pasar por virus con la tinción negativa, ocurre lo siguiente: estas partículas no han sido aisladas, concentradas ni purificadas mediante la centrifugación con gradiente de densidad, destinada a este fin; sino que, mediante una centrifugación simple, las han sedimentado en el fondo del tubo de ensayo (peletización) y, después, observado con un microscopio electrónico. De momento, la composición de tales entidades, presentadas como “virus”, nunca ha sido determinada bioquímicamente. Es fácil echar un vistazo a esto y, entonces, comprobar si otras entidades son hechas pasar por virus en todas estas publicaciones con microfotografías electrónicas; los propios virólogos han refutado -sin darse cuenta-, de forma sencilla y elegante, su afirmación acerca de la existencia de los virus.

 

6. Las imágenes de microscopio electrónico, hechas pasar por imágenes de virus, realmente, son de productos artificiales comunes y componentes celulares típicos

Los virólogos publican un gran número de micrografías electrónicas de entidades, afirmando que son “virus”. Ocultan el hecho de que TODAS estas imágenes sólo muestran entidades típicas (de cultivos de células moribundas) o gotas de una emulsión (de jabones con proteínas y grasas), producidas en laboratorio, NUNCA fotografiadas en humanos, plantas ni animales, ni en ninguno de sus fluidos.

Otros investigadores, fuera del campo de la virología, se refieren a estas mismas entidades como “componentes celulares típicos”; por ejemplo, en las imágenes de las vellosidades (protuberancias como las amebas, con las que las células se adhieren al sustrato y se mueven), las llaman “exosomas” y “partículas similares a virus”. Ésta es otra confirmación independiente de que las afirmaciones de los virólogos, acerca de virus observados con el microscopio de electrones, están científicamente refutadas.

 

7. Los experimentos con animales de los virólogos refutan las afirmaciones sobre la existencia de virus

Los virólogos realizan experimentos con animales para demostrar si las sustancias con las que trabajan son virus y podrían causar enfermedad. Cada una de las publicaciones donde han hecho estos experimentos con animales muestra, de forma clara, que la manera en que trataron a los animales produjo, exactamente, los mismos síntomas que dicen que son por el efecto del virus. Puede verse en cada una de estas publicaciones que no hicieron experimentos de control en los que los animales fueran sometidos a las mismas condiciones, pero con material estéril.

Estos dos hechos evidentes refutan a los virólogos que afirman haber determinado la presencia y el efecto de los virus en experimentos con animales.

 

Comentarios de conclusión

 

Para poner fin a la crisis del Coronavirus y convertirla en una oportunidad para todos, estas refutaciones a la virología, claras, fáciles de entender y verificar, deben hacer impacto público. Una manera, de hacer que estas refutaciones sean poderosas, es utilizar los procedimientos legales apropiados contra los virólogos en los tribunales y, después, hacer públicos los resultados. Le informaremos a través de nuestro boletín WissenschafftPlus cuando tengamos resultados comunicables.

Le garantizo que quienquiera que desee verificar estas declaraciones sobre cualquier “virus que cause enfermedad”, si domina el inglés y está familiarizado con los métodos, llegará exactamente a las mismas conclusiones. Por ahora, mientras continúe la crisis del Coronavirus, mis colegas y yo sólo responderemos consultas sobre los supuestos “Coronavirus” y “virus del sarampión”. Para consultas sobre cualquier otro “virus” durante el período del Coronavirus, remito a los artículos publicados en la revista WissenschafftPlus desde 2003.

Si también está considerando emprender acciones legales, tenga en cuenta que el fallo en el juicio por el virus del sarampión, que fue ratificado por el tribunal más alto [de Alemania], ha eliminado la base para todo el campo de la virología. Se ha determinado judicialmente, forma parte de la jurisprudencia alemana, que la publicación del método central de virología [Nota del traductor: Por favor, leer el siguiente artículo:Propagación en cultivos de tejidos de agentes citopatogénicos de pacientes con sarampión’, con fecha 1 de junio de 1954, en la que se publicó la muerte de las células en el laboratorio, involuntaria e inadvertida, como prueba de los llamados “virus causantes de enfermedades”, desde el año 2016, ¡ya no prueba la existencia de un virus!

La crisis del Coronavirus ha hecho más posible que el veredicto del juicio sobre el virus del sarampión, por sí solo, pueda dejar atrás la mentalidad del bien y el mal que domina a la biología, a la medicina, a la sociedad y al Estado. Quizá, la aplicación al SARS-CoV-2 de uno, varios o todos los siete argumentos enumerados antes, en mi opinión, sea suficiente para poner fin a la inercia de la histeria mundial del Coronavirus, y al mercantilismo con los test de análisis y vacunas que la sustentan. Con respecto al juicio del virus del sarampión, y en general, les recomiendo el canal de Telegram, Corona_Fakten. Allí encontrarán un excelente resumen de lo que está sucediendo gracias a la trascendencia del juicio del virus del sarampión, junto con muchos otros textos de gran utilidad.

Mi confianza en que la crisis del Coronavirus será una oportunidad para todos, se basa en la § 1 de la Ley de Protección contra Infecciones (abreviada IfSG). La § 1 de la IfSG, “Propósito de la ley”, establece en su oración 2: “La participación y la cooperación necesaria, de las autoridades federales, estatales y locales, médicos, veterinarios, hospitales, instituciones científicas y otras partes involucradas, debe ser diseñada y apoyada de acuerdo con lo más avanzado de la ciencia, tecnología médica y epidemiológica. Para prevenir enfermedades transmisibles, se determinará y aumentará la responsabilidad personal de los proveedores y administradores de instalaciones comunitarias, empresas de alimentos y centros de atención médica, y de las personas”.

Todas las medidas y ordenanzas del Coronavirus, ahora también leyes del Coronavirus, se basan sólo y exclusivamente en la Ley de Protección contra Infecciones. Sin embargo, como la disposición de obligado cumplimiento, en la § 1 de la IfSG, establece que “deben ser diseñadas y apoyadas de acuerdo con lo más avanzado de la ciencia, tecnología médica y epidemiológica”, entonces, todas las medidas, regulaciones y leyes del Coronavirus carecen de la base legal para ser aplicadas, ya que han sido refutadas por las declaraciones publicadas por los propios virólogos y se ha demostrado que son anticientíficas.

Nadie de las instituciones, ni gerentes de instalaciones comunitarias, locales de alimentos ni centros de atención médica, ni ningún particular, es decir, ninguno de los ciudadanos a los que se dirige la ley (mencionados en la § 1, oración 2), puede implementar ni tolerar medidas ni regulaciones por Coronavirus; porque ya se ha reconocido, y demostrado, que los virólogos no tienen pruebas científicas de virus que hagan enfermar, al autorrefutarse con sus propias acciones y publicaciones.

Siempre que se mantenga la obligación de cientificidad en la § 1 de la IfSG, haciendo referencia a dicha sección, es posible presentar con éxito la evidencia de la falta de fundamento, ilegalidad, nocividad e inmoralidad de todas las medidas, ordenanzas y leyes del Coronavirus ante los tribunales. La mayoría de los jueces son honestos y concienzudos siguiendo la ley; de no ser así, hubiera existido una dictadura abierta en Alemania, durante mucho tiempo, que se habría hecho cada vez más visible a través de argumentos pseudocientíficos, refutados desde los campos de la virología y la medicina.

Por favor, considere lo siguiente en sus acciones: la mayoría de la población cree en los virus que causan enfermedades y en el efecto beneficioso de las vacunas. Diciéndolo de manera bastante drástica: aquellos que crean en el concepto erróneo de que el cáncer sea el resultado de una malignidad, además creerán en las “metástasis voladoras”, también conocidas como “virus”. El sufrimiento experimentado, directa e indirectamente, por casi todas las personas, con las dañinas consecuencias de los diagnósticos de cáncer y sus tratamientos severos, es profundo y significativo. Por favor, en sus explicaciones y actividades, tenga en cuenta que el sufrimiento experimentado, directa e indirectamente, es el sentimiento que, por sí solo, ha creado y reforzado la certeza de la gente de que existan enfermedades peligrosas y mortales, y también virus. Dese cuenta de que, de estas y otras experiencias, es posible que resulte la opinión de que sólo nuestro estado y sus especialistas puedan, y deban, tratar la enfermedad. De esta forma usted podrá evitar causar lo opuesto a lo que pretende conseguir. Esto será especialmente importante cuando interactúe con los médicos, a quienes todos necesitamos.

Por ejemplo, a cada persona que pregunta, yo expongo que existe un mejor sistema de conocimiento que explica científicamente los procesos (beneficiosos) que conducen a las enfermedades y la curación; que las crisis de curación son parte de este proceso y es posible que puedan ocurrir obstáculos para dicha curación. Sin embargo, para poder aceptar esta nueva perspectiva, a menudo, es un prerrequisito comprender que el sistema de antes, que intentaba explicar estos procesos basándose en la teoría celular, ha sido refutado. La crisis del Coronavirus es una oportunidad única, y una llamada clara a defender la vida y los tres ideales humanos universales de libertad, igualdad y fraternidad, es decir, la triple estructura social de las comunidades humanas (ver el artículo de este número de w+ 4/2020, El triple social).

Este artículo está reimpreso en nuestro libro Corona – Weiter ins Chaos oder Chance für Alle? [Coronavirus – ¿Profundización en el caos u oportunidad para todos?]. Consulte la reseña del libro en la página 46 en este número de w+.

La fuente de información de este artículo se puede encontrar en los siguientes artículos:

Este y otros artículos Entwicklung von Medizin und Menschheit – wie geht es weiter? [Desarrollo de la medicina y la humanidad – ¿hacia dónde vamos ahora?] de la revista WissenschafftPlus No. 6/2015, se pueden encontrar gratis en Internet en www.wissenschafftplus.de en “Wichtige Texte [Textos importantes?]”

Einführung in eine neue Sichtweise auf das Leben [Introducción a una nueva forma de ver la vida], las partes I a III, se pueden encontrar en los números núm. 1, 2 y 3/2019 de WissenschafftPlus.

[(1)] Wasser begreifen, Leben erkennen. Pi-Wasser: Mehr als nur energetisiertes H2O [Entender el agua, reconocer la vida. Agua-Pi: más que H2O energizado] en WissenschafftPlus No. 6/2018. Este artículo es gratuito en nuestro sitio web www.wissenschafftplus.de bajo el título “Wichtige Texte [Textos importantes]”.

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