El Fraude Científico del Test PCR

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Escrito por Torsten Engelbrecht y Konstantin Demeter
Traducido por el equipo de MaterialdeNMG

Artículo publicado originalmente el 27 de Junio del 2020 en https://off-guardian.org

 

El mundo entero depende de la prueba RT-PCR para “diagnosticar” la infección por Sars-CoV-2, pero la ciencia es clara: este método no cumple su propósito.

 

Las cuarentenas y las medidas higiénicas implantadas por todo el mundo se basan en el número de casos y en las tasas de mortalidad reflejadas por los llamados tests RT-PCR SARS-CoV-2, empleados para identificar pacientes “positivos”, por lo que, generalmente, “positivo” se equipara con “infectado”.

Sin embargo, si analizamos detenidamente los datos, llegamos a la conclusión de que estos tests PCR son inservibles como herramienta de diagnóstico para determinar una presunta infección por el supuesto nuevo virus llamado SARS-CoV-2.

 

El mantra infundado del “testear, testear, testear”

 

En la conferencia de prensa sobre Covid-19 del 16 de Marzo de 2020, el director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo:

“Tenemos un mensaje sencillo para todos los países: testear, testear, testear”.

Este mensaje fue difundido mediante titulares por todo el mundo, por ejemplo por Reuters y por la BBC.

Incluso el 3 de Mayo, el moderador de “Heute Journal” – uno de los noticieros más importantes de la televisión alemana – estaba difundiendo entre su audiencia el dogma del coronavirus con las siguientes palabras:

“Testear, testear, testear – ese es el credo por el momento, y es la única manera de comprender realmente la expansión del virus”.

Esto indica que la creencia en la validez del test PCR es tan fuerte que es equiparable a una religión que no tolera contradicción alguna.

 

 

Al menos es bien sabido que las religiones tratan sobre fe y no sobre hechos científicos. Walter Lippman, dos veces ganador del premio Pulitzer y posiblemente el periodista más influyente del siglo XX una vez dijo:

Cuando todos piensan igual es que nadie está pensando”.

Para empezar, es importante resaltar que el mismo Kary Mullis, el inventor de la tecnología de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), no pensaba igual. Su invención le llevó a recibir el Premio Nobel de Química en 1993. Desafortunadamente, Mullis falleció el año pasado a la edad de 74 años, pero no hay duda de que el bioquímico siempre consideró a la prueba PCR como inapropiada para detectar infecciones virales.

El motivo es que el uso previsto del PCR es, y siempre ha sido, su empleo como herramienta clínica, siendo capaz de replicar secuencias de ADN millones y billones de veces, y no como una herramienta de diagnóstico para la detección de virus.

Declarar pandemias virales en base a resultados de PCR puede acabar en desastre, como ya alertó Gina Kolata en su artículo del 2007 “Tener fe en tests rápidos desemboca en la epidemia que no fue”.

 

Ausencia de una regla de oro válida

 

Es importante mencionar que la prueba PCR usada para identificar a supuestos pacientes infectados por SARS-CoV-2 carece de una regla de oro válida con la cual contrastar los resultados. Este punto es de extrema relevancia, ya que cualquier prueba de detección necesita ser evaluada para determinar su precisión – su “sensitividad”1 y “especificidad” en sentido estricto – tomando como referencia una “regla de oro” entendiéndose como tal el método más preciso disponible.

Valga como ejemplo de “regla de oro” para un test de embarazo el embarazo en sí.2 El especialista australiano en enfermedades infecciones Sanjaya Senanayake respondió en una entrevista de la cadena ABC TV de la siguiente manera a esta pregunta: “¿Cómo de precisa es la prueba del Covid-19)?”:

“Si tuviéramos una nueva prueba para la detección de la bacteria estafilococo dorado, ya disponemos de antemano de hemocultivos, esa es la regla de oro que hemos estado empleando durante décadas y podríamos contrastar los resultados del test con la misma. Pero para el Covid-19 no disponemos de una “regla de oro” como prueba.”

Jessica C. Watson de la Universidad de Bristol corrobora esta afirmación. En su artículo científico “Interpretando el resultado de una prueba de COVID-19”, publicado recientemente en el The British Medical Journal, la académica alega que

“carecemos de una ‘regla de oro’ clara para la prueba de COVID-19”.

Pero, en lugar de clasificar al test como inapropiado para la detección del SARS-CoV-2* y en consecuencia inservible como prueba de diagnóstico del COVID-19*, o simplemente en lugar de resaltar que únicamente un virus aislado y purificado pueda servir como regla de oro, Watson declara con toda seriedad que, desde un punto de vista pragmático, el diagnóstico de COVID-19 propiamente, y la prueba PCR como tal, “puede ser la mejor ‘regla de oro’ disponible”. Esta afirmación no es científicamente sostenible.

*NOTA DEL TRADUCTOR :

El virus se conoce como Coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad que causa se denomina COVID-19.

 

Obviando, el hecho de que es absurdo incluir a la propia prueba PCR en la “regla de oro” destinada a evaluar la fiabilidad de esa misma prueba PCR, encontramos que no hay síntomas específicos que definan a la enfermedad COVID-19. Personalidades como Thomas Löscher, antiguo director del Departamento de Infección y Medicina Tropical de la Universidad de Munich, nos reconocieron este problema.3

Y si no tenemos síntomas específicos distintivos para el COVID-19, el diagnóstico de COVID-19 – en contra de las aseveraciones de Watson – no puede en ningún caso ser apropiado como una regla de oro válida..

Además, “expertos” como Watson obvian el hecho de que sólo el aislamiento del virus, es decir la prueba inequívoca de su existencia, puede hacer las veces de regla de oro.

Por este motivo pregunté a Watson cómo era posible que el diagnóstico de COVID-19 “pudiera ser la mejor regla de oro disponible”, si dicho diagnóstico carece de síntomas distintivos. También le indiqué si no era mejor que el propio virus, convenientemente aislado, fuera la mejor regla de oro posible. Watson aún no nos ha respondido estas preguntas – a pesar de nuestras múltiples peticiones. Tampoco ha replicado nuestro breve post en el que rebatimos su artículo tratando exactamente estos mismos temas. Por el momento sólo nos escribió el 2 de junio lo siguiente: “Intentaré publicar una respuesta esta semana cuando tenga tiempo”.

 

No hay pruebas para concluir que el ARN tenga origen viral

 

Ahora la pregunta es: ¿Que se necesita para el aislamiento/ comprobación del virus? Necesitamos saber la procedencia del ARN que se ha empleado para calibrar la prueba PCR.

Tanto los manuales de referencia (por ejemplo White/Fenner. Medical Virology, 1986, p.9) como los principales investigadores de los virus como Luc Montagnier o Dominic Dwyer afirman que la purificación de la partícula – es decir la separación de un objeto de todo aquello que no sea ese objeto como hiciera la Premio Nobel Marie Curie en 1898 al purificar 100 mg de cloruro de radio extraído de toneladas de pechblenda – es un prerrequisito esencial a la hora de probar la existencia de un virus y, por tanto, para probar que el ARN de la partícula en cuestión provenga de un nuevo virus.

La razón de esto es que la prueba PCR es en extremo sensitiva, lo que significa que puede detectar hasta los más insignificantes fragmentos de ADN o ARN – pero lo que no hace es determinar DE DÓNDE PROVIENEN ESTAS PARTÍCULAS. Esto debe determinarse de antemano.

Y dado que las pruebas PCR se calibran para secuencias genéticas concretas (en este caso secuencias de ARN porque se cree que el SARS-CoV-2 es un virus ARN), tenemos que estar seguros de que esos fragmentos genéticos son parte del virus que buscamos. Y para saber eso se requiere aislar y purificar correctamente el presunto virus.

En consecuencia, hemos pedido a los equipos investigadores tras los artículos científicos más relevantes en el contexto del SARS-CoV-2 que nos mostraran pruebas de imágenes tomadas con microscopio electrónico representando virus purificados en sus experimentos in vitro.

Ningún equipo pudo respondernos con un tajante “sí” – y, nadie pudo negarnos que la purificación era un paso necesario. Sólo recibimos respuestas como “no, no obtuvimos un micrográfico de electrón de los virus reflejando el grado de purificación” (ver abajo).

Preguntamos a diferentes autores “¿Muestran sus micrográficos de electrones el virus purificado?”, y nos respondieron lo siguiente:

ESTUDIO 1: Leo L. M. Poon; Malik Peiris. “Emergence of a novel human coronavirus threatening human health” Nature Medicine, March 2020
Autor que responde: Malik Peiris
Fecha: 12 de Mayo, 2020
Respuesta: “La imagen que mostramos es un virus surgiendo de una célula infectada. No se trata de un virus purificado”.

ESTUDIO 2: Myung-Guk Han et al. “Identification of Coronavirus Isolated from a Patient in Korea with COVID-19”, Osong Public Health and Research Perspectives, February 2020
Autor que responde: Myung-Guk Han
Fecha: 6 de Mayo, 2020
Respuesta: “No pudimos estimar el grado de purificación porque no purificamos y concentramos el virus cultivado en células ”.

ESTUDIO 3: Wan Beom Park et al. “Virus Isolation from the First Patient with SARS-CoV-2 in Korea”, Journal of Korean Medical Science, February 24, 2020
Autor que responde: Wan Beom Park
Fecha: 19 de Marzo, 2020
Respuesta: “No obtuvimos un micrográfico de electrón que mostrara el grado de purificación”.

ESTUDIO 4: Na Zhu et al., “A Novel Coronavirus from Patients with Pneumonia in China”, 2019, New England Journal of Medicine
Autor que responde: Wenjie Tan
Fecha: 18 de Marzo, 2020
Respuesta: “[Nosotros mostramos] una imagen de partículas de virus sedimentadas no purificadas”.

 

En lo que respecta a los papers mencionados, queda patente que lo que muestran los micrográficos de electrones (EMs) son los resultados finales de los respectivos experimentos, es decir, no hay otro resultado que hubieran podido obtener de los EMs.

En otras palabras, si los autores de estos estudios reconocen que sus EMs publicados no muestran partículas purificadas, entonces definitivamente no poseen partículas purificadas virales. (En este sentido, es necesario remarcar que algunos investigadores emplean el término “aislamiento” en sus artículos, pero los procedimientos descritos en los mismos no representan un proceso de aislamiento propiamente (purificación). En consecuencia, en este contexto el término “aislamiento” está mal empleado).

Por tanto, los autores de cuatro importantes artículos científicos publicados en la primera mitad de 2020, que alegan haber descubierto un nuevo coronavirus, reconocen que carecen de pruebas para determinar que el genoma del virus provenga realmente de partículas virales o en cambio no sean más que restos de células, puras o impuras, o partículas de otra naturaleza. En resumen, la existencia del ARN del SARS-CoV-2 está basada en una creencia, no en un hecho.

También contactamos al Dr. Carles Calisher, un experimentado virólogo. En 2001 la revista Science publicó un “apasionado alegato … a la nueva generación” escrito por diversos virólogos, entre ellos Calisher, diciendo que:

[métodos modernos de detección de virus como] la reacción en cadena de la polimerasa […]nos informan poco o nada sobre cómo un virus se multiplica, qué animales son portadores, [o] cómo enferma a las personas. [Es] como intentar decir si una persona tiene mal aliento mirando su huella dactilar” 4

Y por este motivo le preguntamos al Dr. Calisher por un único artículo científico de su conocimiento en el que el SARS-CoV-2 haya sido aislado y purificado realmente. Su respuesta:

“No conozco una publicación así. He estado pendiente de una”5

Esto significa ni más ni menos que nadie puede concluir que las secuencias genéticas de ARN, que los científicos extrajeron de las muestras de tejido preparadas en las mencionadas pruebas in vitro y para las cuales el PCR fue finalmente “calibrado”, pertenezcan a un virus específico – en este caso SARS-CoV-2.

Y aún más, no hay prueba científica alguna que señale a dichas secuencias de ARN como el agente causal de lo que se denomina COVID-19.

Con el fin de establecer una conexión causal más allá del aislamiento y purificación del virus, hubiera sido absolutamente necesario llevar a cabo un experimento que satisficiera los cuatro postulados de Koch*.

*NOTA DEL TRADUCTOR :

Los postulados de Koch, formulados por Robert Koch en 1884, son cuatro criterios destinados a establecer la relación de causa y efecto entre un patógeno y una enfermedad.

Postulado 1: El agente patógeno debe ser encontrado en los organismos enfermos, pero no en los sanos.
Postulado 2:
El agente patógeno debe ser aislado y cultivado en un cultivo puro.
Postulado 3:
El agente patógeno debe ser inoculado en un organismo sano y provocar los mismos síntomas que se le atribuyen.
Postulado 4:
El agente patógeno debe ser aislado de nuevo y ser exactamente el mismo al aislado originalmente.

 

Pero dicho experimento no existe tal como reveló recientemente Amory Devereuz y Rosemary Frei para OffGuardian.

La necesidad de cumplir con los postulados en lo referente al SARS-CoV-2 queda evidenciada por el hecho de que sí se han hecho varios estudios al respecto. Pero aquellos investigadores que afirman haber realizado estos estudios, fracasaron.

Un ejemplo de ello es un estudio publicado en Nature el 7 de Mayo. En este intento, independientemente de diversos procedimientos llevados a cabo que por sí mismos invalidan el estudio, los autores no pudieron cumplir con los postulados.

Por ejemplo, ratones de laboratorio presuntamente “infectados” no mostraron ningún síntoma clínicamente relevante claramente atribuible a un caso de neumonía, lo que según el tercer postulado debería ocurrir si un virus peligroso y potencialmente mortal estuviera presente. La ligera pérdida de peso observada en los animales fue insignificante, no sólo porque pudo haber sido provocada por el experimento en sí, sino porque los ratones recuperaron su peso normal al poco tiempo.

Ningún animal murió excepto aquellos que sacrificaron para llevar a cabo las autopsias. Y no hay que olvidar: Estos experimentos debieron de haberse llevado a cabo ANTES de desarrollar el test y no fue el caso.

Resulta revelador que ninguno de los principales representantes alemanes de la teoría oficial sobre el SARS-CoV-2 / COVID-19 – el Instituto Robert Koch (RKI por sus siglas en alemán), Alexander S. Kekulé (Universidad de Halle), Harmut Hengel y Ralf Bartenschlager (Sociedad Alemana de Virología), el antes mencionado Thomas Löscher, Ulrich Dirnagl (Charité Berlin) o Georg Bornkamm (virólogo y profesor emérito en el Hemholtz-Zentrum de Munich) – pudieran responder a la siguiente pregunta que les enviamos:

Si las partículas que se afirman que son el SARS-CoV-2 no han sido purificadas, ¿cómo pueden estar seguros de que las secuencias de ARN de esas partículas pertenecen a un nuevo virus?

Hay estudios que muestran que sustancias como los antibióticos, añadidos a los tubos de ensayo en los experimentos in vitro destinados a la detección de virus, pueden “estresar” el cultivo celular bajo estudio a tal punto que pueden generarse nuevas secuencias de genes que previamente no eran detectables – un aspecto que la ganadora del Premio Nobel McClintock señaló en su discurso de recepción del Premio Nobel en 1983.

 

Debemos mencionar que finalmente conseguimos que la institución Charité- empleador de Christian Drosten, uno de los virólogos alemanes más influyentes en lo referente al COVID-19, consejero del gobierno alemán y co-desarrollador de la primera prueba PCR “aceptada” (¡no validada!) por la OMS en todo el mundo – respondiera a nuestras preguntas sobre este tema.

No recibimos las respuestas sino hasta el 18 de Junio de 2020, tras meses de silencio. Al final, sólo tuvimos éxito con la ayuda de la abogada berlinesa Viviane Fischer.

Respecto a nuestra pregunta “¿Se ha convencido Charité de que una correcta purificación de partículas se ha llevado a cabo?”, la institución Charité reconoce que no usaron partículas purificadas.

Y aunque alegan que “los virólogos de Charité están seguros de que están probando la presencia del virus”, en su artículo (Corman et al.) informan:

“ARN fue extraído de muestras clínica mediante el sistema MagNA Pure 96 (Roche, Penzber, Alemania) y de cultivos celulares sobrenadantes con el mini kit ARN viral (QIAGEN, Hilden, Alemania)”

Esto significa que ellos simplemente ASUMIERON que el ARN que extrajeron era viral.

Por cierto, el artículo Corman et al., publicado el 23 de Enero de 2020, no pasó por un proceso de peer review propiamente dicho. Los procedimientos alineados en el mismo tampoco fueron acompañados de controles – y sólo si se cumplen ambos puntos puede un trabajo científico resultar sólido.

 

Resultados irracionales de los test

 

Ciertamente no podemos saber la ratio de falsos positivos de la prueba PCR sin testear masivamente a personas que sabemos con toda seguridad que no tienen el virus y que lo sabemos por un método independiente del test (teniendo una regla de oro sólida).

Por tanto, no es de extrañar que existan multitud de artículos científicos reflejando resultados totalmente irracionales de los test.

En una fecha tan temprana como Febrero, la autoridad sanitaria en la provincia china de Guangdong reportó que personas ya recuperadas de una enfermedad achacada al COVID-19, pasaron de dar “negativo” en la PCR a dar “positivo” nuevamente.

Un mes más tarde, un artículo publicado en el Journal of Medical Virology mostró que 29 pacientes en un hospital de Wuhan arrojaron resultados inconsistentes al dar “positivo”, “negativo” y “dudoso” en 3 o hasta 6 pruebas PCR seguidas.

Un tercer ejemplo es un estudio de Singapur según el cual test PCR fueron realizados casi a diario a 18 pacientes, arrojando la mayoría resultados “positivos” y luego “negativos” para luego volver a dar “positivo” al menos una vez y hasta 5 veces en un paciente.

Incluso Wang Chen, presidente de la Academia China de Ciencias Médicas, reconoció en Febrero que las pruebas PCR eran “sólo precisas en un 30 a 50 por ciento”; mientras que Sin Hang Lee de Milford Molecular Diagnostics Laboratory mandó el 22 de Marzo una carta al equipo de la OMS encargado de la respuesta frente al coronavirus y a Anthony S. Fauci diciendo que:

Se ha reportado ampliamente en las redes sociales que los kits de pruebas RT-qPCR [PCR cuantitativa con transcriptasa inversa) usados para detectar ARN de SARS-CoV-2 en humanos están generando muchos falsos positivos y no son suficientemente sensitivos para detectar algunos casos positivos reales”.

En otras palabras, incluso si realmente asumimos que estas pruebas PCR pueden realmente detectar infecciones virales, el test sería prácticamente inservible y sólo causaría un miedo infundado entre la gente que ha resultado “positiva”.

Esto queda patente si consideramos el Valor Predictivo Positivo (VPP).

El VPP indica la probabilidad de que una persona con un resultado positivo sea realmente “positiva” (es decir, tenga el supuesto virus) y depende de dos factores: la prevalencia del virus entre la población en general* y la especificidad del test, esto es, el porcentaje de personas sin la enfermedad que el test refleje correctamente como “negativos” (un test con una especificidad del 95% detecta incorrectamente como positivos a 5 de 100 personas realmente no infectadas).

*NOTA DEL TRADUCTOR :

Cualquier individuo perteneciente a una población de riesgo tiene una probabilidad de estar enfermo por ser de esa población, sin necesidad de hacer prueba diagnóstica, siendo la prevalencia esa probabilidad. Ver más

 

Con una especificidad dada, cuando mayor sea la prevalencia, mayor el VPP.

En este contexto, el 12 de Junio de 2020, la publicación Deutsches Ärzteblatt publicó un artículo en el que se contemplaban tres posibles escenarios calculando tres VPP distintos.

Los resultados tienen que tomarse con cautela. En primer lugar, porque no es posible calcular la especificidad de la prueba sin una regla de oro sólida, como ya hemos mencionado, y, en segundo lugar, porque los cálculos en el artículo están basados en una especificidad determinada por el estudio de Jessica Watson, lo que los vuelve potencialmente inservibles.

Pero si obviamos este punto y asumimos que la especificidad del 95% es correcta y que sabemos la prevalencia, incluso una publicación médica mainstream como el Deutsches Ärzteblatt reporta que la prueba llamada SARS-CoV-2 RT-PCR puede tener un VPP “asombrosamente bajo”.

En uno de los tres escenarios, asumir una prevalencia del 3% lleva a un VPP de sólo el 30%, lo que significa que el 70% de todas las personas que dan positivo por el método PCR no son positivas en ningún caso. Sin embargo, “les prescriben cuarentena” como apunta la revista de manera crítica.

En el segundo escenario contemplado por la revista, con una prevalencia asumida del 20%, el VPP resultante sería del 78%. Esto significa que el 22% de los “positivos” son falsos “positivos”.

Dicho de otra manera: Si tomamos a 9 millones de personas que actualmente son consideradas como “positivas” – suponiendo que realmente sean “positivas” a causa de una infección viral – obtendríamos casi 2 millones de falsos “positivos”.

Todo esto encaja con el hecho de que la CDC* y la FDA* , por ejemplo, reconocen en sus informes que la llamada “prueba SARS-CoV-2 RT-PCR” no es apta para la detección del SARS-CoV-2.

*NOTA DEL TRADUCTOR :

CDC: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, por sus siglas en inglés
FDA: Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, por sus siglas en inglés

 

En el reporte “CDC 2019-Novel Coronavirus (2019-nCoV) Real-Time RT-PCR Diagnostic Panel“ del 30 de Marzo de 2020, por ejemplo, se expone:

“La detección de ARN viral puede no indicar la presencia de un virus infeccioso o que el 2019-nCoV es el agente causal de los síntomas clínicos.”

y

“Este test no puede descartar enfermedades causadas por otras bacterias o virus patógenos.”

La FDA admite que:

Resultados positivos […] no descartan infecciones bacterianas o coinfecciones con otros virus. El agente detectado puede no ser la causa definitiva de la enfermedad.

De manera destacada, en los manuales de instrucciones de la prueba PCR se puede leer que los mismos no están pensados como pruebas de diagnóstico, como es el caso de aquellos comercializados por Altona Diagnostics y Creative Diagnostics.6

En otro caso notorio, en la descripción del producto LightMix Modular Assays producido por TIB Molbiol – desarrollado usando el protocolo de Cormam et al. – y distribuido por Roche, podemos leer:

“Estos análisis no están destinados para su uso como apoyo en el diagnóstico de la infección por coronavirus.”

y

“Para su uso exclusivo en investigación. Se desaconseja su uso en procedimientos de diagnóstico.”

 

¿Dónde está la evidencia de que el test pueda medir la “carga viral”?

 

Existe otra razón para concluir que la prueba PCR de Roche y de otros fabricantes ni siquiera puede detectar los genes fijados.

En las descripciones del producto del RT-qPCR para SARS-CoV-2 dice que son test “cualitativos”, contrario al hecho de que la “q” en “qPCR” está por “cuantitativo”. Y si estos test no son “cuantitativos”, entonces no muestran cuántas partículas virales hay en el cuerpo.

 

 

Esto es crucial porque, si queremos comenzar a hablar sobre la enfermedad en el mundo real más allá del laboratorio, el paciente debería de tener millones y millones de partículas virales replicándose en el cuerpo.

En resumen, los CDC, la OMS, la FDA o el RKI pueden asegurar que la prueba puede medir la llamada “carga viral”, es decir, cuántas partículas hay en el cuerpo. “Pero esto nunca se ha probado. Es un escándalo enorme”, tal como dijo el periodista Jon Rappoport.

Esto no es sólo porque el concepto de “carga viral” es un engaño. Si alguien pregunta “¿qué es la carga viral? , la gente presupone que son virus circulando en el torrente sanguíneo. Se sorprenderán al saber que se trata realmente de moléculas de ARN.

Para probar fuera de toda duda que el PCR puede medir cómo de “cargada” una persona pueda estar con un virus causante de enfermedades, el siguiente experimento debería de haberse llevado a cabo (y aún no ha sido el caso):

Tomamos, por así decir, varios cientos o miles de personas y obtenemos muestras de tejido de ellas. Nos aseguramos de que los encargados de obtener dichas muestras no realizan los test, de esa manera los que sí lo realicen no podrán ni conocer a los pacientes ni saber nada de su estado. Estos últimos proceden a realizar las pruebas PCR con las muestras de tejido tomadas. En cada caso informarán sobre qué virus han encontrado y cuánto del mismo encontraron. Por ejemplo, detectan que los pacientes 29, 86, 199, 272 y 293 tienen una gran concentración de lo que ellos creen que es un virus. Traen a dichos pacientes, los cuales deberían de estar todos enfermos con tantos virus replicándose en su organismo. ¿Pero están enfermos realmente o están sanos como robles?

Con la ayuda de la abogada Viviane Fischer conseguimos que Charité también respondiera a la pregunta de si el test desarrollado por Corman et al. – el llamado “test PCR de Drosten” – es un test cuantitativo.

Pero Charité no quiso respondernos con un “sí”. En su lugar respondieron que:

“Cuando hay un RT-PCR involucrado, a Charité le consta que en la mayoría de los casos estos […] se limitan a una detección cualitativa.”

Además, el protocolo del “test PCR de Drosten” usa como ensayo preliminar al inespecífico gen E, mientras que el protocolo del Instituto Pasteur usa el mismo como ensayo confirmatorio.*

*NOTA DEL TRADUCTOR :

Ambos protocolos buscan detectar dos marcadores en el supuesto genoma del virus, por ejemplo detectar el gen E de manera preliminar seguido del gen RdRP como confirmación laboratorial. La detección del gen E seguida por la detección del gen RdRP tendría como resultado la confirmación de un caso de COVID-19.

 

Según Corman et al., emplear el gen E en el ensayo probablemente detecte a todos los virus asiáticos ya que no es específico del supuesto SARS-CoV-2, mientras que los otros ensayos en ambos protocolos (nota el traductor: como el gen RdRP) sí que serían específicos del virus.

Más allá de la muy cuestionable decisión de emplear un marcador de manera preliminar o confirmatoria que dé positivo en la detección de todos los virus asiáticos, a comienzos de Abril la OMS cambió su algoritmo de detección molecular, recomendando que una prueba puede confirmar la detección del virus sólo si únicamente da un resultado positivo con el gen E*, lo que conlleva a que, muy posiblemente, arroje un resultado positivo con ¡cualquier virus asiático!

*NOTA DEL TRADUCTOR :

OMS: “Se pueden usar los genes E o RdRP para la confirmación laboratorial; sin embargo, el ensayo del gen E ha demostrado una sensibilidad ligeramente mayor, por lo que recomendamos priorizar el gen E como el marcador seleccionado (…) En ausencia de otros Sarbecovirus circulando a nivel global, un resultado positivo con el gen E del protocolo de referencia de Charité permite confirmar la detección”. Ver más

 

Esto implica que una prueba claramente inespecífica se está promocionando oficialmente como específica.

Este cambio en el algoritmo ha disparado el número de casos. Test que utilizan el ensayo del gen E son producidos por ejemplo por Roche, TIB Molbiol y R-Biopharm.

 

Altos valores de Ct hacen aún más inservibles a los resultados de las pruebas

 

Otro problema esencial es que muchas pruebas PCR tienen valores de “ciclos de cuantificación” (Ct) por encima de 35 y, en algunos casos como el “test PCR de Drosten”, el Ct es de 45.

El valor Ct especifica cuántos ciclos de replicación de ADN son requeridos para detectar una señal real proveniente de muestras biológicas.

“Valores Ct más altos de 40 son sospechosos debido a la baja eficiencia implícita y generalmente no deberían ser considerados”,

tal como se informa en la guía MIQE.

MIQE son las siglas de Minimum Information for Publication of Quantitative Real-Time PCR Experiments o Información Mínima para Publicación de Experimentos Real-Time PCR Cuantitativos en español. La guía MIQE establece una serie de directrices que describen el mínimo de información necesaria para evaluar publicaciones sobre Real-Time PCR, también llamado PCR cuantitativos o qPCR.

El propio inventor del PCR, Kary Mullis, alegó que:

“Si alguien requiere de más de 40 ciclos para amplificar una única copia de un gen, hay algo seriamente incorrecto con su PCR.”

Las directrices MIQE han sido desarrolladas bajo el auspicio de Stephen A. Bustin, profesor de Medicina Molecular y un experto mundialmente famoso en todo lo referente con PCR cuantitativos y autor del libro A-Z of Quantitative PCR (PCR Cuantitativo de la A a la Z), considerado como “la biblia del qPCR”.

En una entrevista reciente en un podcast, Bustin apunta que “el uso de Ct tan arbitrarios no es ideal, porque pueden establecerse en valores demasiado bajos (eliminando resultados válidos) o en valores demasiado altos (aumentando los resultados de falsos “positivos”).”

 

 

Y, según él, un Ct entre 20 y 30 debería de ser el objetivo deseado, mientras que un valor por encima de 35 pondría en duda la fiabilidad de los resultados.

Si el Ct es demasiado elevado, se vuelve cada vez más complicado distinguir señales reales del “ruido”, por ejemplo, debido a las reacciones de los primers (cebadores) o de los marcadores fluorescentes y, por ende, la probabilidad de obtener un falso positivo como resultado aumenta considerablemente.

Otro factor que puede alterar el resultado es el siguiente: Si se está buscando un virus ARN como es el caso del SARS-CoV-2, dicho ARN debe ser convertido a ADN complementario (cADN) con la enzima retrotranscriptasa – de ahí vienen las siglas RT antes de “PCR” o “qPCR”.

Pero ese proceso de conversión puede ser “ampliamente catalogado como ineficiente y variable”, tal como señalaron Jessica Schwaber y otros dos investigadores del Centre for Commercialization of Regenerative Medicine en Toronto en un artículo publicado en 2019.

Stephen A. Bustin confirma estos problemas con el PCR de manera similar.

Por ejemplo, apunta al problema de que en el proceso de conversión de ARN a cADN, la cantidad de ADN obtenida con el mismo material ARN de base puede variar ampliamente, incluso por un factor de 10 (ver entrevista más arriba).

Considerando que las secuencias de ADN se doblan en cada ciclo, la más mínima variación se magnifica y puede por tanto alterar el resultado, reduciendo con ello la validez informativa del test.

Entonces, ¿cómo es posible que aquellos que aseguran que las pruebas PCR son altamente significativas para el diagnóstico del llamado COVID-19 ignoran las fundamentales deficiencias de este tipo de pruebas – incluso cuando tienen que enfrentar preguntas sobre su validez?

Ciertamente, los apologetas de la hipótesis del nuevo coronavirus deberían de haber abordado esas cuestiones antes de lanzar la prueba al mercado y llevar básicamente a todo el mundo a la cuarentena, entre otras razones porque todas estas preguntas surgen automáticamente en las mentes de todos aquellos con un mínimo de conocimiento científico.

Es por ello que uno, inevitablemente, piensa en el papel que intereses financieros y políticos juegan en esta ignorancia de las obligaciones científicas. La OMS, por ejemplo, tiene vínculos con empresas farmacéuticas, tal como el British Medical Journal mostró en 2010.

Diferentes expertos critican “que la corrupción y los conflictos de interés dentro de la OMS han continuado e incluso han aumentado” desde entonces. El CDC, para tomar otro ejemplo de un jugador importante, no sale mejor parado.

Finalmente, las razones y posibles motivos son meramente especulativos y seguramente mucha gente involucrada actúa de buena fe; pero la ciencia es clara: los números generados por esas pruebas RT-PCR no justifican en lo más mínimo aterrorizar a aquellos que han dado “positivo” e imponer cuarentenas que están empujando a incontables personas a la pobreza y la desesperación e incluso al suicidio.

Un resultado positivo puede tener serias consecuencias para los pacientes también, porque cualquier factor no viral es descartado del diagnóstico y los pacientes son tratados con medicamentos altamente tóxicos y con intubaciones invasivas. Especialmente en el caso de los ancianos y de pacientes con enfermedades preexistentes, estos tratamientos pueden ser fatales, como hemos expuesto en el artículo “Fatal Therapie (Tratamientos Mortales)”.

Sin lugar a dudas, el eventual exceso de mortalidad es debido a la terapia y a las medidas de cuarentena, mientras que las muertes por “COVID-19” comprenden también a pacientes que han muerto a causa de una multitud de otras enfermedades, redefinidas como COVID-19 única y exclusivamente porque se dio un resultado “positivo” de lo más dudoso.

 

NOTAS:

  1. La sensitividad es definida como la proporción de pacientes con la enfermedad que dan positivo en el test, mientras que la especificidad es definida como la proporción de pacientes sin la enfermedad que dan negativo en el test. 

  2. El test puede dar un resultado positivo o negativo, pero eventualmente se sabrá si la mujer está o no embarazada realmente con el paso del tiempo.

  3. E-mail del Prof. Thomas Löscher del 6 de Marzo de 2020.

  4. Martin Enserink. Virology. Old guard urges virologists to go back to basics, Science, 6 de Julio, 2001, p. 24

  5. E-mail de Charles Calisher del 10 de Mayo de 2020.

  6. Creative Diagnostics, SARS-CoV-2 Coronavirus Multiplex RT-qPCR Kit

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