Desmantelando la Teoría del Virus – El ‘virus del sarampión’ como ejemplo

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WISSENSCHAFFTPLUS – Das Magazin 6/2015
Traducido por Eduardo Villena Mateos (04/04/2020)

 

¿Por qué debemos dudar de la existencia de los virus?

¿Qué son y qué no son los virus?

¿Cómo se demuestra científicamente que los virus existen?

 

Los científicos deben cuestionar todo, especialmente lo que más aman, es decir, sus propios descubrimientos e ideas. Esta regla básica de la investigación científica ayuda a evitar caminos erróneos y pone al descubierto los que ya existen. Además, se nos debe permitir a todos cuestionar el status quo, de lo contrario viviríamos en una dictadura. La ciencia tampoco puede limitarse a un número seleccionado de instituciones y expertos. La ciencia puede y debe ser llevada a cabo por cualquier persona que tenga el conocimiento necesario y los métodos apropiados.

La ciencia puede considerarse ciencia solo si sus afirmaciones son verificables, reproducibles y permiten predicciones. La ciencia también necesita control externo, porque, como veremos, una parte de las ciencias médicas ha perdido contacto con la realidad durante bastante tiempo. Cualquiera que tenga conocimiento de la biología y la génesis de la vida, del desarrollo y las funciones del tejido, del cuerpo y del cerebro, cuestionará automáticamente las suposiciones sobre los virus.

En la realidad del cuerpo y de sus mecanismos, no hay lugar para procesos malignos hipotéticos. Todos los procesos biológicos, incluidos los que pueden terminar en sufrimiento, dolor y muerte, originalmente están destinados a ser útiles.

Un enfoque diferente al fenómeno del virus es posible y necesario: cualquier laico con algún conocimiento previo, que lea documentos científicos sobre virus patógenos, puede darse cuenta de que tales virus no existen, y que lo que se describe son solo componentes y características típicas de las células. Estos conocimientos previos se proporcionarán en este artículo.

 

Los orígenes de la idea

 

La noción actual de virus se basa en las antiguas ideas de que todas las enfermedades estaban causadas por venenos (“toxinas”) y que las personas recuperarían su salud al producir “antitoxinas” como un “antídoto”. De hecho, algunas enfermedades son causadas por venenos. La idea subsiguiente, de que el cuerpo puede restaurar su salud produciendo o recibiendo “antídotos”, nació al observarse que las personas sobreviven a grandes cantidades de veneno (como el alcohol) cuando su cuerpo se entrena consumiendo ese veneno incrementando lentamente su dosificación. Sin embargo, en realidad no hay antídotos; el cuerpo produce enzimas que neutralizan y eliminan los venenos (alcohol).

En 1858, Rudof Virchow, el fundador de la medicina moderna, plagió los hallazgos de otros científicos, suprimió sus descubrimientos esenciales y, de este modo, nació y se impuso una falsa visión sobre la causa de las enfermedades como un dogma, que de hecho todavía está vigente. Según este dogma, todas las enfermedades supuestamente se originan dentro de las células1. La patología celular de Virchow reintrodujo en la medicina la antigua y refutada Doctrina Humoral, y afirmó que las enfermedades se desarrollan a partir de venenos patógenos (en latín: virus).

Hasta la fecha, la búsqueda de estos venenos patógenos permanece infructuosa, sin embargo, cuando las bacterias fueron descubiertas, se supuso que ellas producían los venenos patógenos. Esta suposición, llamada “la teoría de los gérmenes”, fue aceptada de inmediato y sigue siendo muy exitosa hasta la actualidad. Esta teoría es tan exitosa que la mayoría de las personas aún no son conscientes del hecho de que las llamadas toxinas bacterianas son en realidad enzimas normales, que no pueden aparecer en un ser humano o, si lo hacen, nunca lo hacen en cantidad suficiente como para ser peligrosas.

A partir de ahí se descubrió que, cuando comienzan a morir lentamente, las bacterias crean las llamadas esporas -pequeñas formas diminutas aparentemente sin vida que sobreviven-. Después se sospechó que estas esporas eran tóxicas y que ellas eran los llamados venenos patógenos. Esto fue entonces refutado, ya que las esporas se convierten rápidamente en bacterias cuando se restauran sus recursos vitales. Cuando los científicos, en el laboratorio, observaron que las débiles y altamente endogámicas bacterias perecían muy rápidamente, convirtiéndose en estructuras mucho más pequeñas que las esporas, pensaron en primer lugar que las bacterias estaban siendo destruidas por los supuestos venenos patógenos, llamados virus, y que los virus se replicaban de ese modo.

Debido a la creencia de que estas estructuras (el día de su descubrimiento aún invisibles) estaban matando a las bacterias, se les llamaba fagos/bacteriófagos, “comedores de bacterias”. Sólo más tarde se determinó que únicamente las bacterias altamente endogámicas, y por eso casi no viables, o las bacterias que se destruyen tan rápido que no tienen tiempo para formar esporas, pueden convertirse en fagos.

La introducción de la microscopía electrónica condujo al descubrimiento de las estructuras resultantes de la transformación de las bacterias mientras morían repentinamente, o cuando el metabolismo de los gérmenes altamente endogámicos se veía inundado de procesos desencadenados por la adición de “fagos”. También se descubrió que hay cientos de tipos de “fagos” de aspecto diferente. El descubrimiento de los fagos, los llamados “virus” bacterianos, reforzó la suposición o creencia errónea de que hay virus humanos y animales que se parecen y tienen la misma estructura. Este no es ni puede ser el caso, por varios motivos.

Posteriormente a la introducción de técnicas de análisis químico en biología, se descubrió que hay miles de tipos de fagos y que los fagos de un tipo siempre tienen la misma estructura. Consisten en una molécula particular, hecha de ácido nucleico, que está rodeada de una capa de proteínas de un número y composición determinados. Sólo más tarde se descubrió que únicamente las bacterias que habían sido altamente endogámicas en el tubo de ensayo podían convertirse en fagos, por contacto con los fagos, pero esto nunca se aplicaba a las bacterias naturales, ni a las bacterias que acababan de ser aisladas de su entorno natural. En este proceso, se descubrió que estos “virus bacterianos” en realidad sirven para proporcionar a otras bacterias moléculas y proteínas importantes, y que las bacterias mismas emergen de tales estructuras.

Antes de que pudiera establecerse que los “virus bacterianos” son incapaces de matar a las bacterias naturales, sino que las ayudan a vivir, y que las bacterias mismas emergen de tales estructuras, estos “fagos” ya se usaron como modelos para los presuntos virus humanos y animales. Se creía que los virus humanos y animales se parecían a los “fagos”, supuestamente mataban células y causaban enfermedades, al mismo tiempo que producían nuevos venenos enfermantes y transmitían las enfermedades. Hasta la fecha, muchas enfermedades nuevas, o aparentemente nuevas, se han atribuido a un virus si su origen es desconocido o no reconocido. Este espejismo dio lugar a una confirmación aparente en el descubrimiento de los “virus bacterianos”.

Es importante tener en cuenta que las teorías de lucha e infección (del sistema inmune) fueron aceptadas y altamente elogiadas por la mayoría de los especialistas, solo cuando los países (o regiones) donde vivían también sufrían guerras y adversidades. En tiempos de paz, otros conceptos dominaron el mundo de la ciencia2

Es muy importante tener en cuenta que la teoría de la infección -empezando en Alemania-, no se globalizó hasta el tercer Reich, cuando los investigadores judíos (la mayoría de los cuales estaban contra, y además habían refutado, las políticamente explotadas teorías de la infección) fueron retirados de sus cargos3.

 

Sobre la detección de fagos

 

La existencia de fagos se puede demostrar rápidamente.

Primer paso:

su presencia se confirma a través de un efecto, concretamente, la transformación de bacterias en fagos, y también con una micrografía electrónica de esos fagos. Los experimentos de control muestran que los fagos no aparecen si las bacterias siguen intactas, o si las bacterias comienzan a descomponerse aleatoriamente debido a su aniquilación extrínseca repentina, sin formar fagos.

Segundo paso:

el líquido que contiene los fagos se concentra y se aplica sobre otro líquido, que tiene una densidad alta en la parte inferior del tubo de ensayo y una densidad baja en la parte superior del tubo de ensayo. El tubo de ensayo con los fagos se hace dar vueltas con fuerza (se centrifuga) y todas las partículas quedan agrupadas en el lugar que corresponde a su densidad, según su tamaño y peso. La densidad es la relación de peso (masa) por unidad de volumen, expresada como Kg/l o g/ml. Por esta razón, este paso de concentración y purificación de partículas con la misma densidad se llama centrifugación (con densidades) diferencial(es) -density gradient centrifugation-.

La capa donde se juntan muchas partículas de la misma densidad se vuelve “turbia”, a eso se le llama “banda”. Este paso se documenta, a continuación se extraen con una aguja de jeringa las partículas concentradas, purificadas y sedimentadas de una banda. La cantidad concentrada extraída de partículas se llama “aislado”. Una micrografía electrónica rápida y simple confirmará la presencia de fagos en el aislado, que al mismo tiempo es una indicación de la pureza del aislado, si la micrografía no muestra más partículas que los fagos. La apariencia y el diámetro de los fagos también serán establecidos con la ayuda de esta micrografía. El experimento de control realizado para este paso, en el que no aparecen fagos al final del proceso, consiste en tratar y centrifugar el líquido de las bacterias que no formaron fagos.

Tras el paso de aislar con éxito los fagos, sigue la caracterización bioquímica decisiva de los fagos. La caracterización bioquímica de su composición es esencial para identificar el tipo específico de fago, ya que los diferentes tipos de fagos a menudo se parecen. El aislado obtenido a través de la centrifugación diferencial se divide ahora en dos partes. Una de ellas se usa para determinar el tamaño, tipo y composición del ácido nucleico; y en un proceso independiente, la otra se usa para determinar la cantidad, el tamaño y la morfología de las proteínas de los fagos. Desde la década de 1970, estos análisis han sido técnicas estándar simples que cada estudiante de biología aprende en sus primeros semestres.

Estos análisis muestran la caracterización bioquímica de los fagos. En casi todos los casos, estos resultados han sido y están siendo editados en una sola publicación, ya que un fago tiene una estructura muy simple que es muy fácil de analizar. Los experimentos de control para estas pruebas usan líquido de bacterias que no forman fagos y, por tanto, no pueden mostrar ningún rastro bioquímico. La existencia de aproximadamente dos mil tipos diferentes de fagos se demostró científicamente de esta manera.

 

Sobre la supuesta prueba de virus patógenos

 

Los “bacteriófagos”, definidos correctamente como mini esporas incompletas y bloques de construcción de las bacterias, han sido científicamente aislados, mientras que los supuestos virus patógenos nunca se han observado en humanos o animales, o en sus fluidos corporales, y nunca se han aislado y, de manera subsecuente, analizado bioquímicamente. Hasta la fecha, ninguno de los investigadores involucrados en este tipo de trabajo parece haberse dado cuenta de esto.

La centrifugación diferencial es la técnica estándar requerida científicamente para probar la existencia de un virus. A pesar del hecho de que este método se describe en todos los manuales de microbiología como la “técnica para aislar virus”, nunca se aplica en experimentos destinados a demostrar la existencia de virus patógenos.

  • Imagen 1. Tubo de centrifugadora con gel de gránulos micro diferenciales de sílice, con virus y partículas celulares en suspensión. 
  • Imagen 2. Tubo de centrifugadora con “bandas” de virus y partículas celulares al terminar la centrifugación.
  • Imagen 3. Al extraer la banda viral con una pipeta, el virus queda, por lo tanto, aislado y purificado.

 

El uso del microscopio electrónico y la bioquímica volvieron muy lentamente a la normalidad después de 1945, pero nadie se había dado cuenta de que nunca se había aislado un virus patógeno en humanos o animales; así, a partir de 1949, los investigadores comenzaron a aplicar la misma idea utilizada para los (bacterio) fagos, con el fin de replicar los “virus” humanos y animales. John Franklin Enders, nacido en 1897 en la familia de un rico financiero, estuvo activo en varias fraternidades al terminar sus estudios, luego trabajó como agente de bienes raíces y estudió idiomas extranjeros durante cuatro años, antes de recurrir a la virología bacteriana, que le fascinaba.

En ese momento, él sencillamente transfirió las ideas y conceptos que aprendió en esta área de investigación a los supuestos virus patógenos en humanos. Con sus experimentos e interpretaciones no científicas, que nunca había confirmado a través de controles negativos, Enders llevó toda la medicina infecciosa “viral” a un callejón sin salida. Es importante señalar en este punto que Enders, como muchos especialistas en enfermedades infecciosas, trabajó para el ejército de los EEUU, que siempre ha sido y sigue siendo una gran víctima del miedo al contagio. Fueron principalmente los militares estadounidenses los que difundieron la creencia errónea de que, además de las armas químicas, también había armas biológicas en forma de bacterias y virus.

En 1949, Enders anunció que había logrado cultivar y hacer crecer el presunto virus de la polio in vitro en varios tejidos. La opinión experta estadounidense creyó todo de inmediato. Lo que hizo Enders fue agregar fluidos de pacientes con poliomielitis a cultivos de tejidos que, según él, habían sido esterilizados, y alegó que las células estaban muriendo debido al virus, que el virus se estaba replicando de esta manera y que se podía extraer una vacuna del cultivo respectivo. En aquella época, las epidemias de polio en verano (polio = parálisis flácida) eran muy frecuentes durante el verano y se creía que eran causadas por el virus de la polio. Se administró una vacuna para ayudar a erradicar el presunto virus. Cuando se hubo introducido la vacuna de la polio, los síntomas se volvieron a diagnosticar, entre otras cosas, como esclerosis múltiple, parálisis aguda flácida, meningitis aséptica, etc., y en aquel momento se afirmó que la polio había sido erradicada.

Durante sus experimentos, Enders y sus colaboradores esterilizaron los cultivos de tejidos, para excluir la posibilidad de que las bacterias matasen las células. Lo que no tuvieron en cuenta fue que la esterilización y el tratamiento del cultivo celular, al prepararlo para la supuesta infección, era exactamente lo que mataba a las células. En cambio, interpretaron los efectos citopáticos como la existencia y la acción de los virus de la polio, sin haber aislado nunca un solo virus, y describieron su bioquímica. Nunca se realizaron los necesarios experimentos con grupo de control negativo, que habrían demostrado que la esterilización y el tratamiento de las células en el tubo de ensayo, antes de la “infección”, mataba las células. Sin embargo, por esta “obra”, Enders recibió el premio Nobel en 1954.

1954 es también el año en que Enders aplicó e introdujo la misma técnica, para supuestamente replicar el virus del sarampión. Como había recibido el premio Nobel por el presunto virus de la polio el mismo año, todos los investigadores creyeron que su técnica era científicamente válida. Así, hasta la fecha, todo el concepto del sarampión se ha basado en esta técnica. Es por eso que las vacunas contra el sarampión no contienen virus, sino partículas de tejido renal de mono muerto o células cancerosas humanas.

Hasta la fecha, tampoco se han realizado experimentos con grupo de control negativo, con respecto al llamado virus del sarampión, lo que habría demostrado que son los procedimientos de laboratorio los que provocan los efectos citopáticos en las células. Además, todas las afirmaciones y experimentos realizados por Enders y sus colaboradores, y los investigadores posteriores, llevaron a la única conclusión objetiva de que, de hecho, estaban observando y analizando partículas celulares moribundas y la actividad de las mismas en el tubo de ensayo, malinterpretando esto como partículas y características del presunto virus del sarampión.

 

El virus del sarampión como ejemplo

 

Las siguientes explicaciones se aplican a todos los denominados “virus patógenos” (humanos o animales).

Los seis documentos proporcionados por el Dr. Bardens en el curso del “juicio del sarampión”, como prueba de la existencia del virus del sarampión, describen de una manera didácticamente ideal los diversos pasos de la cadena de malas interpretaciones hasta la creencia en la existencia de un virus del sarampión.

El primer artículo fue publicado en 1954 por Enders y sus colaboradores: “Propagación en cultivos de tejidos de agentes citopatógenos en pacientes con sarampión” (Proc Soc Exp Biol Med. 1954 Jun; 86 (2): 277–286). Esta publicación se puede encontrar en Internet, como todas las otras publicaciones presentadas en el juicio del sarampión.

En este ensayo, Enders y sus colaboradores redujeron drásticamente la solución nutritiva, y agregaron antibióticos destructores de células al cultivo celular, antes de introducir el líquido supuestamente infectado. La sucesiva muerte de las células fue malinterpretada como presencia y también aislamiento del virus del sarampión. No se realizaron experimentos de control para excluir la posibilidad de que fue la privación de nutrientes, y también los antibióticos, lo que provocó los efectos citopáticos. La ceguera de Enders y sus colegas puede explicarse por el hecho de que realmente querían ayudar a las personas, mientras se intensificaba la histeria del virus después de la guerra y durante la guerra fría. También puede explicarse por el hecho de que Enders y muchos de sus colegas no tenían idea sobre medicina, y estaban compitiendo contra la Unión Soviética para el desarrollo de la primera vacuna contra el sarampión.

Tal presión para el éxito también puede explicar por qué Enders y sus colaboradores ignoraron sus propias reservas y advertencias expresadas en 1954, cuando observaron y anotaron que muchas células también morían si se trataban normalmente (es decir, sin estar “infectadas”), lo que les hizo pensar que ocurría por virus y factores desconocidos. Todas estas realidades y advertencias fueron después ignoradas.

El segundo documento presentado por el demandante en el juicio del sarampión se publicó en 19594 y, por las razones presentadas anteriormente, los autores concluyeron que la técnica introducida por Enders no era apropiada para aislar un virus. Esta refutación no solo NO está siendo discutida por todos los demás investigadores, sino que está siendo ignorada.

En el tercer artículo5, los autores fotografiaron partículas celulares típicas dentro de las células y las malinterpretaron como el virus del sarampión. No aislaron ningún virus. Por razones inexplicables, no pudieron determinar y describir la estructura bioquímica de lo que presentaban como virus en un experimento por separado. En la breve descripción de los métodos utilizados, se puede leer que los autores no aplicaron la técnica de aislado estándar para virus, es decir, la centrifugación diferencial. Realmente, centrifugaron fragmentos de células muertas en el fondo de un tubo de ensayo y luego, sin describir su estructura bioquímica, malinterpretaron los desechos celulares como virus. Por la manera en que se realizaron los experimentos, solo podemos concluir que los restos celulares se malinterpretaron como virus. Encontramos la misma situación en la cuarta6 y sexta7 publicación presentada por el reclamante como prueba de la existencia de un virus del sarampión.

La quinta publicación8 es un documento que describe el proceso de consenso en lo que se refiere a qué moléculas de ácido nucleico de las células muertas representarían el llamado genoma del virus del sarampión. El resultado es que docenas de equipos de investigadores trabajan con piezas cortas de moléculas específicas de células, tras lo cual, siguiendo un modelo dado, ponen todos los pedazos juntos en papel. Sin embargo, este rompecabezas hecho de tantas partes, en su conjunto, nunca ha sido demostrado científicamente, ni jamás se ha aislado de un virus, ya que nunca se ha visto un virus del sarampión, ni en humanos ni en un tubo de ensayo.

Al referirse a esta publicación, el experto designado por el tribunal declaró que representaba el estándar de oro, es decir, el genoma completo del virus. Es obvio que el experto no leyó este documento, cuyos autores declararon que la composición molecular exacta y las funciones del genoma del virus del sarampión tendrían que ser objeto de investigaciones adicionales, por lo que tuvieron que confiar en otros modelos de virus para poder lograr un consenso sobre la estructura y las funciones del genoma del virus del sarampión.

Cualquiera puede darse cuenta fácilmente de que en todas estas publicaciones, así como en todas las demás publicaciones sobre del sarampión” y otros virus patógenos, nunca se han realizado control. Ningún investigador usó la técnica de centrifugación diferencial; en cambio, solo centrifugaron restos celulares en de un tubo de ensayo. Esta técnica, utilizada para recolectar todas las partículas de un fluido, se llama decantación. Desde una perspectiva lógica y científica, se puede decir que en todas las publicaciones sobre los llamados “virus patógenos”, los investigadores, de hecho, sólo evidenciaron características y partículas pertenecientes a las células.

En nuestro próximo número de WissenschafftPlus, publicaremos la refutación científica de la declaración de que existe el virus del sarampión, que se aplica a todos los denominados virus patógenos.

También nos gustaría señalar otro artículo, en el que describimos los llamados virus gigantes9, es decir, un ácido nucleico envuelto que se puede encontrar en todas partes del mar y en organismos básicos. Como todos los fagos bacterianos, no solo son inofensivos, sino que tienen funciones beneficiosas. También pueden aislarse utilizando la centrifugación diferencial, lo que demuestra su existencia (ver los gráficos anteriores).

También recomendamos la relevante revisión del profesor Lüdtke (1999)10. Él señaló que en los primeros comienzos de la virología, la mayoría de los virólogos siempre llegó a la conclusión de que las estructuras, que habían confundido con virus, eran en realidad componentes de las células y, por lo tanto, eran solo el resultado del experimento, y no la causa, de los cambios observados. Después del descubrimiento y caracterización de los fagos, y tras introducir el dogma de que el ácido nucleico era el genoma de todas las células y virus, nació el consenso, según el cual dichos virus deben existir también en humanos y animales.

En 1992, la comunidad científica se retractó del dogma que afirma que el ácido nucleico es el genotipo de todas las células. En 2008, una parte de la comunidad pública alemana también se retractó11. El dogma de los virus patógenos, sin embargo, todavía sigue siendo promovido.

El Grupo Australiano de Perth (dirigido por Eleni Papadopulos-Eleopulos, Val Turner y John Papadimitriou) demostró con argumentos científicos que no se ha probado que existe el VIH. Fue Eleni Papadopulos-Eleopulos quien desde 1992 me alentó y me ofreció apoyo científico para aceptar la realidad sobre el VIH, estudiar los hechos y compartir el conocimiento de que no hay virus patógenos. Le estoy muy agradecido a ella y a su equipo.

 

Referencias:

  1.  Siehe Ausführungen zu Virchows Leben und Wirkung in WissenschafftPlus Nr. 5/2015 und Nr. 6/2015.
  2. Anticontagionism between 1821 and 1867. Aufsatz von Erwin H. Ackerknecht in der Zeitschrift Bulletin of the History of Medicine, Volume XXII, The Johns Hopkins Press, 1948.
  3. Das Robert Koch-Insitut im Nationalsozialismus. Buch von Annette Hinz- Wessels, 192 Seiten, 2008. Kulturverlag Kadmos Berlin.
  4. Bech V, Magnus Pv. Studies on measles virus in monkey kidney tissue cultures. Acta Pathol Microbiol Scand. 1959; 42 (1): 75–85
  5. Nakai M, Imagawa DT. Electron microscopy of measels virus replication. J. Virol. 1969 Feb; 3v (2): 187–97.
  6. Lund GA, Tyrell, DL, Bradley RD, Scraba DG. The molecular length of measles virus RNA and the structural organization of measles nucleocapsids. J. Gen. Virol. 1984 Sep;65 (Pt 9): 1535–42.
  7. Daikoku E, Morita C, Kohno T, Sano K. Analysis of Morphology and Infectivity of Measles Virus Particles. Bulletin of the Osaka Medical College. 2007; 53 (2): 107–14.
  8. Horikami SM, Moyer SA. Structure, Transcription, and Replication of Measles Virus. Curr Top Microbiol Immunol. 1995; 191: 35–50.
  9. Siehe WissenschafftPlus Nr. 1/2014.
  10. Zur Geschichte der frühen Virusforschung. Übersichtsarbeit von Prof. Karlheinz Lüdtke. Reprint 125 des MAX-PLANCK-INSTITUT FÜR WISSENSCHAFTSGESCHICHTE, 89 Seiten, 1999
  11. Erbgut in Auflösung. Die ZEIT vom 16.6.2008. Siehe zu diesem Thema die Beiträge in WissenschafftPlus seit 2003.

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