El Dr. Tullio Simoncini defiende sus ilusiones. Los tumores tratados con bicarbonato de sodio: una aberración 2016-10-30T12:46:52+00:00

El Dr. Tullio Simoncini defiende sus ilusiones. Los tumores tratados con bicarbonato de sodio: una aberración

Escrito por Loulou Bédard

lbyfdEn nuestro último número, el artículo “El bicarbonato combate el cáncer; un descubrimiento estupefaciente y controvertido” tuvo consecuencias. Según su teoría, el Dr. Tullio Simoncini −quien trata tumores entre sus pacientes utilizando bicarbonato de sodio− afirma que el cáncer es provocado por un hongo (candida albicans).

Según François Leduc, Mstro. ingeniero, naturoterapeuta, fitoterapeuta, conferenciante internacional y experto en Nueva Medicina Germánica (NMG), “si bien las observaciones del Dr. Tullio son justas, en cambio sus interpretaciones y sus conclusiones son falsas.”

¡Otro punto de vista!


Según el Dr. Tullio Simoncini, los tumores tendrían como origen una infección fúngica. Ciertos fungi que se manifestan en presencia de éstos, por ende la administración de un tratamiento a base de bicarbonato de sodio a sus pacientes. Las candidiasis se desarrollarían sobre un terreno ácido y, teniendo en cuenta que el bicarbonato es alcalino, el tratamiento parece lógico, sobre todo para quienes apoyan la hipótesis de que el cáncer no sabe desarrollarse en un medio alcalino.

Cada cual debería saber que el candida albicans (llamado a veces monilia) es un hongo (o levadura) normalmente presente sobre la piel y en la boca, los intestinos y la vagina. Si está presente en el organismo, ¿por qué y en qué condiciones se pone en marcha? Pero sobre todo, ¿cómo es posible que el Dr. Tullio lo perciba como un enemigo y, aún peor, como la causa del cáncer?

“Observaremos que los tumores tratados por este médico dependen todos del cerebro antiguo y, así, conciernen esencialmente a los órganos del sistema digestivo; los alvéolos pulmonares, la próstata y el endometrio, los canales colectores del riñón, las membranas internas (pericardio, pleura y peritoneo), la glándula mamaria del pecho (lo que excluye los canales galactóforos) y el corion (el equivalente de la dermis). Pero, ¿qué pasa con los otros tumores, o sea los que dependen del cerebro nuevo donde los hongos jamás se manifiestan, como en el caso del osteosarcoma, los cánceres de los canales galactóforos del pecho, del ovario, del cuello del útero, etc.? Hecho interesante a tener en cuenta, este tipo de tumores solo se desarrolla en un medio alcalino”,

afirma François Leduc,
quien desde hace más de diez años
se interesa por los trabajos del Dr. Ryke Geerd Hamer.

Lo que se debe comprender es que, para los cánceres vinculados al nuevo cerebro, no son los hongos los que entran en acción, sino las bacterias y los virus (en caso de existir, porque se trata de una hipótesis, considerando que ningún científico los ha podido ver bajo el microscopio).

candida1El Dr. Tullio comprueba la presencia de los fungi, pero no comprende el papel que estos juegan en los cánceres que pretende tratar (no siendo en realidad un tratamiento en sí mismo). Por otro lado, parece ignorar que si bien ciertos tumores se desarrollan en medio ácido, otros lo hacen en terreno alcalino. También podríamos preguntarnos por qué entre todas las sustancias alcalinas, este oncólogo prefirió el bicarbonato de sodio. Su elección probablemente fue inspirada por el hecho de que es una sustancia conocida, fácilmente accesible y poco costosa. Aún así, poca importancia tiene la sustancia, su hipótesis no se sostiene.

“La tasa de éxito que obtiene ante sus pacientes de cáncer se explica fácilmente,
prosigue François Leduc.

El tratamiento que preconiza, al contrario de los tratamientos convencionales (la quimioterapia, por ejemplo), no es que provoque muertes eventuales entre sus pacientes, sino que es inútil y superfluo cuando se comprende el papel que los microbios juegan en el organismo. Por analogía, el Dr. Tullio piensa que es la cola lo que mueve al perro…”

El papel de los microbios


Según la ley del sistema ontogenético de los microbios, la cuarta ley del Dr. Ryke Geerd Hamer, los microbios (hongos, microbacterias, bacterias y virus) que entran en acción están en estrecha relación con una de las tres hojas embrionarias del cerebro −endodermo, mesodermo y ectodermo−. Todos los órganos y los tejidos del organismo han sido desarrollados a partir de una o varias de estas hojas embrionarias. Según las investigaciones empíricas de este oncólogo, llevadas a cabo sobre más de 40.000 pacientes (hablamos de los expedientes de pacientes de varios oncólogos y no sólo suyos) se puede afirmar que, hasta hoy, “es absolutamente inconcebible que un pernicioso virus, cuyo objetivo sería, por decirlo de alguna manera, la destrucción de las defensas del organismo, pueda actuar independientemente de los procesos psíquicos y cerebrales, casi in vitro.”

La Ley de Hierro del Cáncer (su primera ley) enuncia que toda enfermedad −y no únicamente el cáncer− es activada por un DHS (Síndrome de Dirk Hamer), es decir, un choque conflictual biológico muy específico que instantáneamente se expresa de manera simultánea en el cerebro y en el organismo. Los tres niveles (psique, cerebro y órgano) son siempre sincrónicos. El impacto (Foco de Hamer) es visible en el centro de control cerebral correspondiente al órgano afectado (alteraciones, tumores, etc.) sobre un escáner cerebral. El sistema ontogenético de los tumores, descubierto en 1987, ordena todas las enfermedades cancerosas y equivalentes según la capa embrionaria (endodermo, mesodermo, ectodermo). Por razones ontogenéticas, a cada una de estas capas embrionarias le corresponde una zona específica del cerebro, un cierto tipo de temática conflictiva, así como una estructura histológica bien definida.

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El sistema ontogenético de los microbios los clasifica según las tres capas embrionarias: los microbios arcaicos, es decir los hongos y las micobacterias, dependen del endodermo, y en cierta medida del mesodermo antiguo (cerebeloso), pero solo conciernen a los órganos gobernados por el cerebro antiguo, es decir el tronco cerebral (bulbo raquídeo, puente, mesencéfalo) y el cerebelo; los microbios antiguos, a saber las bacterias, dependen del mesodermo y de todos los órganos constituidos por él; los microbios recientes, los virus, dependen exclusivamente del ectodermo y conciernen solamente a los órganos gobernados por la corteza cerebral propiamente dicha.

Cada grupo de microbios puede actuar solamente en un grupo de órganos determinados, derivados de la misma capa embrionaria. La única excepción de esta regla es la zona limítrofe con los órganos mesodérmicos gobernados por el cerebelo, que son tratados tanto por hongos, sobre todo micobacterias, como por bacterias, concerniendo normalmente los órganos de la capa embrionaria media (mesodermo), gobernados por la médula cerebral. El momento preciso a partir del cual los microbios pueden actuar, no depende, como lo creímos de modo erróneo hasta hoy, de factores externos, sino más bien de un proceso determinado por el “ordenador” que es nuestro cerebro.

“Y de la misma manera que para los microbios el órgano que hay que tratar jamás es fortuito, sino determinado por la historia del desarrollo embrionario de cada uno de los grupos anteriormente citados, a excepción de la superposición con la zona limítrofe; el momento preciso donde éstos reciben la autorización para ponerse manos a la obra es siempre determinado por nuestro cerebro , precisamente según el sistema ontogenético. Los microbios se activan solo al principio de la fase de resolución del conflicto y participan por lo tanto en la fase de curación”

explica François Leduc.

El Dr. Tullio la emprende contra nuestros aliados naturales


“¡La intervención mal inspirada del Dr. Tullio ocurre precisamente en el momento en el que candida albicans hace su trabajo, después de haber recibido la orden concreta del cerebro!,

exclama François Leduc.

¡Anotará por cierto su desaparición temporal y se regocijará de eso, su creencia instaurada en que acaba de eliminar a un adversario del organismo, mientras que en los hechos, invalida directamente el proceso de reparación del órgano afectado! Eventualmente, cuando las condiciones fueran favorables, ya que que la alcalinización del terreno sería disipada, candida albicans volvería a hacer su trabajo saludable.”

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Imaginemos los microbios como obreros de tres tipos, propone el Dr. Hamer, preocupado en explicar simplemente su descubrimiento rigurosamente científico (ninguna hipótesis, probada en el 100% de los casos):

  • Los que tienen como misión “eliminar los residuos” (los limpiadores); por ejemplo, el mycobacterium tuberculosis (la micobacteria de la tuberculosis), que descompone los tumores intestinales (de la capa embrionaria interna, el endodermo) durante la fase de curación.
  • Los que actúan como “niveladores de terreno”, encargados de llenar los vacíos, por ejemplo los virus (si es que realmente existen), cuya misión consiste en colmar las pérdidas de sustancia en los tejidos debidas a las ulceraciones. Los observaremos siempre únicamente durante la fase de curación y solamente en los órganos de la capa embrionaria exterior (ectodermo), gobernada por la corteza cerebral.
  • Las bacterias, que solo tratan los órganos deteriorados (necrosis, osteolisis) de la capa embrionaria media (mesodermo), y solamente durante la fase de curación consecutiva a la resolución del conflicto. “Podríamos compararlos con bulldozers (topadoras) que retirarían los escombros para que podamos edificar una nueva casa, es decir para que el organismo pueda reconstruirse sobre una base sólida”.

Nuestro organismo acude a sus aliados, los microbios, para reparar, limpiar, colmar o nivelar los tumores, las necrosis o las úlceras. El Dr. Tullio piensa todavía que el vivo del cual dependemos nos ataca, no obstante tiene el mérito de levantar el velo sobre los tratamientos convencionales mortales que los oncólogos aplican a sus pacientes, pero que rechazan para ellos mismos. En su sitio web, afirma con pruebas de apoyo que el 75% de sus colegas saben que la única manera de salir de un cáncer es evitar la quimioterapia. De hecho, no morimos de cáncer. La medicina convencional reconoce por otra parte no saber de qué mueren los cancerosos2. Morimos de miedo, de cansancio biológico y de tratamientos supuestamente eficaces.

En lo sucesivo, plenamente conscientes de sus efectos tóxicos sobre nuestras tierras agrícolas, rehusamos que el suelo sea tratado con productos químicos, pero, paradójicamente, aceptamos que estos productos nocivos sean inyectados en nuestros organismos… El hombre, agarrado a unas creencias médicas, parece irracional; y, hasta delante del séquito sin fin de los moribundos, incita ciegamente el dogma.

1Referirse a la famosa obra “Le Tissu Déchiré”, una referencia ineludible del Dr. Jean-Claude Salomón −más de treinta años de investigación en el Instituto de investigaciones científicas sobre el cáncer del CNRS en Villejuif, antes de dirigir el “Journal Cancer”−.

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MaterialdeNMG
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